Calienta pero no quema y conforta pero no cura. Me refiero al bono cultural que pondrá en marcha el Gobierno vasco, dentro de su plan anticrisis. La medida es lógica y tiene sentido, por supuesto, porque de lo que se trata es de estimular la demanda cultural, tirando del gasto público.
Tirando del gasto público con moderación, claro, porque si no luego va Zapatero y lo compensa con una nueva subida de impuestos. Pero, en todo caso, el bono cultural es una subvención directa al consumo del ciudadano e indirecta a la producción y a la distribución cultural. A los libros y a los discos o a los cines, los teatros, los museos y las salas de conciertos. Perfecta jugada, sí, aunque no exenta de algunos complejos efectos secundarios. Por ejemplo, con el bono cultural cualquier ciudadano puede pagarse la entrada para una película norteamericana, con lo cual ya no es que Hollywood haga un legítimo negocio a costa del consumidor vasco, sino que en ello también recibe a la postre dinero público vasco. En otras palabras, aunque el bono cultural esté concebido como una medida política para paliar la crisis de la economía vasca, al final también puede aminorar el efecto de la recesión en el sector editorial inglés y francés o en la industria audiovisual y cinematográfica de muchos países. Además, y por muy bienvenido que sea este bono cultural, lo cierto es que es una medida coyuntural, un parche bienintencionado que ayuda a sobrellevar la crisis, aunque no cura ese problema estructural en el ámbito de la cultura que sólo se supera con el binomio de la educación y la industria competitiva.
CINE
A vueltas con la taquilla
El éxito internacional de la taquilla veraniega está propiciando interesantes reflexiones sobre el futuro del cine. En Estados Unidos, y ya lo mencioné la semana pasada, el balance de la taquilla veraniega es ciertamente positivo. Según los especialistas, el aumento en el número total de espectadores desde comienzos de año ha alcanzado el 16%, situándose el crecimiento de los ingresos durante el verano en torno al 2%. Aparte de los títulos y de un precio de la entrada que no tiene rival en el consumo de ocio para hora y media o dos horas, también parece claro que otra de las grandes lecciones del verano es el creciente favor del público a las películas que se proyectan en 3-D e Imax. En este sentido, las excelentes taquillas logradas por películas como 'Star Trek' u otras que han sido proyectadas con esas tecnologías pone de manifiesto el importante potencial a la hora de estimular la demanda. Lejos de norteamérica, otro mercado cinematográfico con excelentes noticias es el francés, donde ahora se constata una vuelta del público más joven al cine. Una vuelta que se refleja en un incremento del 17,5% para los jóvenes de entre 15 y 24 años y del 2% para el segmento de 6 a 14 años. ¿Las razones? Pues bien sencillas. La primera, claro, la proliferación en las carteleras de películas para jóvenes. Después, el auge de las tarjetas de fidelización. Y, finalmente, el inteligente establecimiento de innumerables descuentos en muchos días del año. Por ejemplo en este principio de curso, donde sólo se cobra a los jóvenes cuatro euros por sesión del 13 al 16 de septiembre. Una ganga, sí.
INTERNET
Contra el pirateo
Vuelve el debate sobre el endurecimiento legal de las medidas anti-pirateo. Vuelve, digo, porque este próximo martes se reanudan en la Asamblea Francesa los debates sobre la famosa Ley Hadopí, es decir, la controvertida iniciativa contra el pirateo en Internet que ha sido impulsada por el presidente Sarkozy. Como es sabido, la disposición más polémica del proyecto original posibilitaba que una autoridad administrativa pudiera decidir el corte del acceso a Internet a los piratas reincidentes. Algo ciertamente excesivo para el Consejo Constitucional galo, ya que además tampoco se respetaba el principio de presunción de inocencia. De tal manera, en el nuevo texto que ahora llega otra vez a la Asamblea se establece que sólo un juez podría tomar la decisión de cortar el acceso a la Red, cuando se haya demostrado una descarga ilegal y reiterada de contenidos de Internet. Aun así, el tema promete seguir generando arduos debates tanto en el ámbito político y legislativo, como en el ciudadano. Un debate que va a ser ilustrado con ese último dato sobre una caída del 21% en las ventas de discos en Francia. Según afirman, se trata de una consecuencia derivada del enorme impulso que han dado al pirateo los movimientos críticos y contrarios a la Ley Hadopí. Un dato terrible, sí, que en el acumulado de los seis últimos años ha destruido el 50% del valor del mercado musical francés. En el caso español las cosas no son muy distintas, aunque sí en lo que se refiere a la legislación anti-pirateo. Pero, tarde o temprano, algo cambiará. Seguro que sí.