Aunque los resultados del arranque de la competición y el liderato en las jornadas quinta y sexta auguraban una campaña de relativa tranquilidad deportiva al menos hasta el mes de mayo, la tensión se ha instalado en el Alavés por la vía rápida. Incipiente todavía cuando apenas se ha superado el primer cuarto de la temporada, pero también bajo la certeza de que no cortar la racha negativa el próximo domingo en la visita del Bilbao Athletic podría desembocar en una crisis con todas las letras.
La primera semana caliente de la temporada para la plantilla y el técnico Javier Pereira ha arrancado tras la derrota en Barakaldo. El nuevo batacazo en Lasesarre, que supuso la segunda derrota consecutiva y el tercer choque sin marcar, ha dejado un contexto clasificatorio que empieza a ofrecer síntomas cuando menos inquietantes. El primer puesto, ese que concede dos opciones en el 'play off', se aleja a siete puntos tras la escapada del Eibar. El cuadro albiazul, además, ha dejado las cuatro primeras plazas -es quinto- después de siete semanas. Y tan cierto es que el segundo clasificado se encuentra a dos puntos como que del duodécimo le separan sólo tres.
Es decir, el próximo choque podría colocar al Alavés otra vez en el lote de privilegiados o llevarle a la zona media, que para la escuadra albiazul sería ya bucear por las profundidades de la tabla del Grupo I de Segunda B.
Consecuencia lógica
El rendimiento albiazul en los choques consecutivos frente a Eibar y Barakaldo, dos derbis previsibles en cuanto a la respuesta del adversario y donde los rivales se aprovecharon de las concesiones ofrecidas por el conjunto vitoriano, ha trasladado el malestar al club vitoriano. Desde las oficinas del Paseo de Cervantes se asume, además, que estos resultados, lejos de suponer un hecho aislado, han sido la consecuencia lógica de un arranque de campaña donde sólo los puntos habían salvado a un Alavés renqueante en demasiados aspectos del juego. El atenuante de la construcción de un grupo con 19 futbolistas nuevos pesa aún en el otro lado de la balanza, pero cada vez menos.
Tras la jornada libre de hoy, el Alavés comenzará mañana la preparación del nuevo derbi, esta vez ante el filial rojiblanco, y todo apunta hacia una llamada generalizada al orden desde dentro de la entidad albiazul. Bien es cierto que el primero en manifestarse «preocupado» tras la derrota en Barakaldo fue el propio Pereira. El presidente Ortiz de Zárate ya había reclamado la pasada semana al equipo un cambio de rumbo y la pésima salida al césped de los vitorianos en Lasesarre sólo ha servido para acentuar este posicionamiento.
La preocupación, en realidad, es generalizada a estas alturas en todos los estamentos del club. El mismo equipo que marcaba con facilidad en el inicio del campeonato y ganaba partidos casi por inercia lleva 281 minutos sin ver puerta. Desde que Óscar Rico logró el tercer tanto ante el Compostela en Mendizorroza. Lugo, Eibar y Barakaldo le han dejado en blanco. Con no más de dos o tres ocasiones por encuentro. El vitoriano Igor Martínez, suplente en cinco de los seis últimos partidos es todavía el 'Pichichi' alavesista con tres tantos, mientras que Rico suma dos (ambos en el mismo partido) y Óscar Martínez, Ruano y Geni sólo uno.
Arranques de pesadilla
A esta insostenible cuenta para un aspirante al ascenso se ha unido en los últimos choques una permeabilidad defensiva que ha calado las entrañas albiazules. Una pérdida de balón y dos acciones a balón parado han provocado los tres últimos goles. Los arranques de partido sin un mínimo de solidez se acumulan. En las consecutivas salidas a Ferrol, Lugo y Barakaldo, el conjunto vitoriano fue arrollado de inicio. En el Ángel Carro lucense sólo las imprecisiones locales le salvaron. En los otros dos choques, el marcador reflejaba ventaja del rival cuando el Alavés seguía dormido.
La inestabilidad que el cuadro albiazul atraviesa después de sumar cuatro puntos de los últimos quince se ha agudizado. Y en este escenario sólo cabe un triunfo, a poder ser convincente, frente al Bilbao Athletic para que el ambiente que rodea al equipo no se enturbie.