Iñaki Azkuna retrató ayer dos escenas de la centenaria historia de su partido para advertir, literalmente, de que el PNV corre el riesgo de muerte si se radicaliza. En una conferencia en la que repasó el pasado y presente de Euskadi -quizás la cita pública en la que ha llegado con mayor profundidad a la almendra de su pensamiento-, el alcalde de Bilbao reivindicó el legado de Aguirre, Landaburu, Irujo y Leizaola, referentes jeltzales que destacaron por influir en la política española e internacional. «Debe quedarnos claro a los nacionalistas que sólo el pacifismo, la condena a ETA sin paliativos y el calor a las víctimas serán coherentes con nuestras señas de identidad, tradición y acuerdo político. Lo contrario podría valer para una exigua escaramuza política, pero sería nuestra liquidación a medio y largo plazo. Quien ama y vive en la radicalidad, perece en ella». No mencionó al fundador, Sabino Arana.
En la fotografía de la actualidad, captó sin citarla la manifestación de apoyo a Otegi en la que participó su formación. Cuando se lamentaba del «desastre injustificable» que ha causado la «ensoñación heroica» del terrorismo entre asesinados, exilio y «jóvenes en la cárcel», aconsejó a su partido que fomente otras compañías: «Sería bueno que no caigamos nunca en la tentación de utilizar a estos compañeros de viaje mientras no se separen de la violencia, por mucho que nuestra situación política sea difícil». Entre otros asistentes al acto, celebrado en Bilbao, estuvieron el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, y su líder en Vizcaya, Andoni Ortuzar, quien acudió a la marcha de respaldo a los dirigentes de Batasuna detenidos. No asistió a la charla Joseba Egibar, otro de los participantes en aquella concentración.
Convencido de que la democracia ha sido «un bálsamo» que permite «reunirnos con quien queramos», Azkuna convocó ayer en el Fórum Europa-Tribuna Euskadi a destacados representantes políticos e institucionales, especialmente de su partido y del PSE y del PP; la Iglesia, encarnada por el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez; la vida civil, entre los que figuraron desde empresarios a miembros del Tribunal de Cuentas; y del Athletic, encabezado por su presidente, Fernando García Macua. En suma, una parte importante del 'universo Azkuna', tanto por su concepción de la política como de la gestión municipal. No faltó en su ilustrada conferencia un mapa de 1852 que dibujaba la España uniforme (la corona de Castilla y León, desde Galicia a Andalucía), la incorporada o asimilada (Corona de Aragón) y la foral (País Vasco o Navarra).
Más allá de las citas históricas, en las que fue prolijo, Azkuna recurrió al mapa de España de la época de las Filipinas para explicar uno de los ejes de su discurso. «La foralidad es la madre del cordero de los derechos históricos. Defiendo la diferencia que nos da la foralidad y desde esa diferencia podemos contribuir al progreso del Estado. Y esto es compatible con nuestra convivencia con el resto de los pueblos, regiones y ciudades del Estado». En el turno de preguntas, reconoció que el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti -ayer en Madrid-, «tiene razón cuando se queja» ante los suyos por el Concierto Económico, pilar de su visión foral del país.
Si alguien esperaba al Azkuna «díscolo», quizá se sintió defraudado. No es el político que en su primer mandato se paseó por 'el tercer grado' de algunos programas de televisión como el 'raro' del PNV, uno de los motivos que casi le cuesta su reelección como candidato. Ayer, entre el público, estaba la secretaria del EBB, Belén Greaves, entonces su posible relevo. Pero mantiene inalterable las señas de identidad que le han ayudado a encadenar tres victorias en la Alcaldía. El diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, que llegó a calificarle de «monstruo» por su último triunfo, aplaudía en un foro plural. En la dictadura «pacata y cuartelera», cuando unos iban a Francia para ver 'El último tango en París', Azkuna recordó que «pasaba a la otra parte» para buscar libros de Albert Camus.
Con referencias a Azaña, Celaya y su inseparable Unamuno, el regidor se reivindicó como abertzale, un «patriota» que defiende «el progreso, la solidaridad y la justicia social». «Toca reagrupar a todos los nacionalistas democráticos desperdigados en siglas que sólo han conseguido debilitarnos. En mi debilidad está la fuerza, clamaba San Pablo, fuerza que es posible uniendo a los demócratas que creen que Euskadi es una nación, que amando a nuestra tierra podemos tener una visión universal», explicó a los asistentes, entre ellos, el ex líder de EA en Álava Patxi Ormazabal.
«Bárbaros del norte»
No se trató de una llamada al foro soberanista porque, a estas alturas de su vida y tras diez años como alcalde de Bilbao, no decepcionó a su parroquia con su forma de entender el encaje del País Vasco en España. En presencia de Begoña Gil, concejala socialista y mujer del lehendakari, Azkuna aseguró que en su partido se recibió como «un mazazo» el pacto PSE-PP. «Se equivocan», advirtió, si desde Madrid consideran que «han dominado a estos bárbaros del norte», en alusión a los nacionalistas.
Partidario del acuerdo entre socialistas y jeltzales porque «es el que mejor vertebra el país», planteó dos consensos para corregir el hecho de que «una parte importante del País Vasco no se encuentra a gusto en la estructura política de España»; el conflicto. Dejando claro que «eso no da derecho a utilizar la violencia» y que ETA «es nuestro mayor cáncer», Azkuna abogó por el entendimiento entre las «grandes sensibilidades, la vasquista y la española», en el convencimiento de que «no hay arreglo posible excluyendo» a la mitad de la población. Más elevado, defendió «un gran pacto de Estado en el que intervengan los máximos poderes», independientemente de quien gobierne. En esa «solución democrática», la foralidad que recoge el Estatuto y la Constitución ejercería de bandera de los vascos.
Ante Blázquez, el ex consejero de Sanidad se confesó «más cristiano que católico» y, fiel a su estilo, explicó en el coloquio por qué no acudió al acto por el Estatuto convocado por Patxi López. «Porque a la misma hora fui a misa por el 150 aniversario de las monjas de la Ronda. Para esas cosas no hay partido del Athletic, Estatuto ni madre que la fundó».