Fue hace un par de años cuando los aparcamientos de rotación de la ciudad comenzaron a facturar por minutos, en lugar de hacerlo por tramos horarios. Aquello nos pareció bien porque no tenía demasiada lógica que uno estacionase el coche durante diez minutos y se viese obligado a pagar como si lo hubiera hecho durante treinta. En ocasiones íbamos a la ventanilla del parking y teníamos la sensación de que el operario que comprobaba tarifas y minutajes estaba conteniéndose la risa.
«El fin del cobro por tramos», pensábamos entonces mientras subíamos la ventanilla y acelerábamos, «terminará con esta injusticia y beneficiará a los consumidores». Bueno, dicho y hecho. En cuanto los aparcamientos comenzaron a cobrar por minuto, subieron los precios. Entonces nos dimos cuenta de que, detrás de los aparcamientos, debía de haber alguna mente poderosa y maligna a la que era imposible vencer por las mismas razones por las que es imposible ganarle una partida de naipes a Juan Tamariz.
El caso es que los parkings hoy cobran por minuto, pero no todos los minutos cuestan lo mismo. Hay minutos caros y minutos baratos, minutos de lujo y minutos de saldo, minutos palaciegos y minutillos lumpen. Curiosamente, los minutos más exclusivos son siempre los primeros, es decir, los que todo el mundo está obligado a consumir. Esto ocurre, por ejemplo, en el aparcamiento de Zabalburu y ha sido detectado por el Gobierno vasco. En Lakua se ve que tienen una concepción igualitaria del minutaje y no terminan de entender por qué los quince primeros minutos de Zabalburu son más caros que el resto. Y por si acaso han abierto un expediente.
Preguntado por el asunto, el Ayuntamiento -que es el responsable último de las tarifas de los parkings- sostiene que el pago por minuto es un concepto filosófico de naturaleza adaptable. O sea, que la ley les permite ser un poco creativos. Entre los automovilistas, mientras tanto, se extiende el deseo de que el expediente gubernamental llegue a algún sitio y en los aparcamientos de la villa todos los minutos sean iguales: aburridas unidades de tiempo que tienen siempre el mismo número de segundos y también el mismo precio.