«Que le caiga la máxima pena y que la cumpla íntegra. No hay derecho a que alguien haga algo así y a los 10 años ya esté de nuevo libre, en la calle». En esta frase se resume el sentir general de los vecinos de Irún que acuden estos días a Pamplona a manifestar con su presencia, frente al Palacio de Justicia de Navarra, su solidaridad con los Laffage-Casasola.
Todos los días de la pasada semana se ha repetido la misma rutina. A las 7.30 de la mañana medio centenar de personas comienzan a llegar a la plaza San Juan de Irún. Cuando aún no ha amanecido, esperan, resguardados bajo los soportales que se enfrentan a la parada de taxis, la llegada del autobús que les llevará a Pamplona. Son un grupo de unas 40 ó 50 personas que aparcan durante más de seis horas sus actividades cotidianas para fundirse en un abrazo solidario con Asun Casasola -madre de la víctima- y su familia, frente a la audiencia navarra.
«Yo soy peluquera y tengo orientado mi trabajo más hacia las tardes y los fines de semana. Así que me arreglo para estar aquí por las mañanas», dice Mari Ángeles Hernández. «Nosotras somos amas de casa y hacemos las compras y la comida de víspera y también madrugamos, a las seis de la mañana, para dejar todo preparado para la familia», comentan María Pilar Flores y Puri Montero. Las tres son amigas de Asun Casasola y vecinas de Arbes, el barrio donde residen los Laffage.
El autobús pasa por Oronoz-Mugaire y continúa su ruta hacia Belate. Después de una semana de ida y vuelta, los pasajeros se conocen cada curva del camino y Mari Ángeles Fernández espera angustiada la llegada de los grandes túneles, ya que atravesarlos le produce pánico. Una fila de asientos más adelante, viajan Amador Román y Paqui Rojas, un matrimonio ya jubilado que fue vecino de la familia Laffage en Arbes, aunque ahora viven en el barrio de Palmera-Montero. «Nos hemos arreglado para venir todos los días a pesar de que tenemos obras en casa y clases de inglés. Pero queríamos apoyar a la familia de Nagore en estos momentos tan difíciles».
También ocupan plaza en el autobús -que ya se acerca a Pamplona- Sergio, Yanire y Marta, amigos de Javier, el único hermano de Nagore. «Lo está pasando muy mal, como el resto de la familia, pero está bastante contento por cómo se está desarrollando el juicio. Hemos venido para estar expresamente con él, para acompañarle y darle cariño». Los tres veinteañeros han aparcado durante alguno de estos días sus estudios y trabajos para estar en Pamplona. Ahora confían en la Justicia. «Ya sabemos que se habla de una pena de unos 20 años, pues que sea lo que tenga que ser, pero que la cumpla», reclaman.
Son las 9.15 horas. El autobús aparca frente el Palacio de Justicia. Los viajeros descienden deprisa. Algunos corren en busca de una acreditación, a esas horas ya imposible, para entrar en la sala. Otros caminan despacio para ocupar su lugar tras la pancarta 'Zure oroimenez. En tu recuerdo', el mismo lema que llevan impreso en las camisetas blancas que se enfundan cada día.