El primer ministro británico, Gordon Brown, pidió ayer disculpas a la madre de un soldado fallecido en octubre en Afganistán después de que la mujer manifestase al diario 'The Sun' que se sintió ofendida por la carta de condolencias que le envió el jefe de Gobierno, cuya redacción entendió con dificultades y en la que incluso estaba mal el apellido de su hijo.
«¡Una vergüenza absoluta!», clamaba ayer en su portada el periódico londinense, que hace unas semanas anunció que en las próximas elecciones generales pedirá el voto para el Partido Conservador de David Cameron. Publicaba la misiva de Brown y las quejas de la madre, y añadía que el primer ministro no inclinó su cabeza, como es norma, cuando depositó su corona en la ceremonia anual de homenaje a los caídos, que se celebró el domingo.
Jacqui Janes, de 47 años, recibió ayer una llamada telefónica de Brown para excusarse. La madre se enfadó al ver que el primer ministro escribía mal el apellido de la familia -James en vez de Janes- y porque «la carta estaba garabateada tan rápidamente que apenas pude leerla y algunas palabras estaban escritas de forma incompleta».
Gordon Brown escribe a mano a los padres de todos los soldados que mueren en combate y, según sus portavoces, en algunos casos envía cartas a varios miembros de la familia del fallecido. En su petición pública de disculpa a la familia Janes afirmó ayer que no tenía en absoluto la intención de ofenderles.
Omisiones y repeticiones
Pero reconocía que su caligrafía no es buena. En la carta a la madre de este soldado omite algunas letras, también los puntos en las íes -en un caso escribe dos puntos-, algunas palabras son de difícil lectura y, en el aspecto más descuidado, ofrece sus «sinceras condolencias» y se repite en la siguiente línea al despedirse con un «sinceramente».
Los amigos de Brown advierten desde hace años de que el primer ministro, prácticamente ciego de uno de sus ojos, necesita que los documentos oficiales se impriman en tipos grandes de letra. Escribe en ordenador también con letras de tamaño considerable, pero, en la escritura a mano, padece las consecuencias de su falta de visión desde su juventud.
Al mismo problema y a su preocupación por no tropezar en las escalinatas del monumento achacaban ayer sus simpatizantes el que no hiciese la reverencia tras depositar la corona de flores en el obelisco a los caídos. Otros hacían una interpretación política. No son los efectos de una discapacidad, sino una nueva comprobación de que Brown se siente incómodo con la guerra en Afganistán. Ex jefes militares ya criticaron la conducta de su Gobierno en torno al conflicto, en la Cámara de los Lores, la pasada semana.