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La cinta se introduce en la mansión Playboy, esa especie de paraíso artificial por el que campa a sus anchas el magnate Hugh Hefner
09.10.08 -

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Reese Witherspoon demostró en 2001 que las rubias pijas podían sacarse con nota la carrera de Derecho. Ahora, las guionistas de ‘Una rubia muy legal’ rizan el rizo con una protagonista de apariencia aún más superficial. ‘Una conejita en el campus’ se introduce en la mansión Playboy, esa especie de paraíso artificial por el que campa a sus anchas el magnate Hugh Hefner (que se marca un cameo). Shelley es una de las chicas vinculadas a la mítica publicación, conocidas como conejitas o ‘playmates’. Vive sin preocupaciones hasta que comete un error imperdonable: cumplir 27 años, lo cual es demasiado para su profesión.
Cuando es expulsada de la mansión Playboy no sabe qué hacer con su vida. El destino le lleva a echar una mano a una de esas típicas fraternidades universitarias que tanto se ven en las comedias americanas. Se trata de un grupo de chicas con aspecto de empollonas -de las que en Estados Unidos llaman «poco populares»-, que están a punto de ver desaparecer su hermandad porque nadie quiere unirse a ellas. El efecto que tendrá Shelley en la vida de esas muchachas es más que predecible, al igual que la evolución que sufrirá la protagonista.
Lo que realmente importa a los espectadores potenciales (que en Estados Unidos han sido legión) de ‘Una conejita en el campus’ no es la complejidad de su argumento, sino los gags, más o menos atrevidos, que puedan generarse de esas situaciones. Con ello en mente, las guionistas ofrecieron el papel de Shelley a Anna Faris, conocida protagonista de la exitosa saga de ‘Scary movie’ e ideal para este tipo de papeles.
El desparpajo de esta comediante puede provocar algunas risas en esta cinta producida por el simpar Adam Sandler, que trata de ganarse al mismo tiempo al público masculino y al femenino. Hollywood, como ya sabíamos, ha perdido el Norte y el oremus, pero sigue haciendo caja.
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