Paisajes de Oña
Cuando se le pregunta por un itinerario turístico en Oña, la localidad burgalesa en la que vivió de los 6 a los 10 años –en Irún pasó su primera infancia–, Janfri lo tiene claro. «Me quedo con la carretera hacia Trespaderne, viendo pueblos y acabando donde el Oca y el Ebro se unen. Yo no me bañaba, que no sé nadar», se ríe. «Para reponer fuerzas, Casa Paca o Casa Janfri (¡no es familia, sólo amigo, eh!) y unos txikitos como Dios manda y unas rabas».
'La familia del chivo Froilán' Social Antzokia (Basauri)
Cuándo: 17 de mayo de 2008 (20.30 horas).
Dirección: Carlos Zabala.
Reparto: María Garralón, Janfri Topera, Carmen Vicente-Arche, Martxelo Rubio.
Entradas: 12 €.
‘La familia del chivo Froilán’ tiene un aire de cuento, con una chica en busca del príncipe azul. Pero para nada. El caballo se convierte en chivo, la carroza en un Mercedes 600, el mago en cabrero brutote, la reina madre en... Quién sabe. La vida no es un cuento. Y los ‘descolgados’ del progreso, aquellos que quemaron sus ilusiones hace tiempo, lo saben bien. Menos mal que queda la risa –a cargo del ‘serrano’ Jesús Bonilla, autor del texto– para hacerle frente.
–¿Froilán?
–Va a haber que empezar diciendo que la función no tiene nada que ver con la familia real, aunque está presente, porque los personajes ven la tele y ahí sale. Además, en esta obra tenemos una reina, un rey, una princesa y el príncipe azul, una aproximación a esos personajes de cuento.
–Pero no viven para nada como ellos. Es una obra sobre los ‘descolgados’.
–Eso es, sobre la gente olvidada de este país. Se habla mucho de la inmigración, pero poco ya de la emigración de los propios ciudadanos por el territorio. Yo soy uno: mi padre salió del pueblo en los 60 y yo fui con él. De las ilusiones que se tienen al llegar a la gran ciudad, de la expectativa de triunfo más fácil y de la dura realidad: de eso habla ‘La familia del chivo Froilán’. Te encuentras con un curro de 12 horas con un sueldo de miseria, una basura. Y muchos urbanitas, con el tiempo, quieren volver al campo. Hay un choque entre esos dos mundos.
–Pero es una comedia.
–Lo es. El espectador se ríe desde el primer minuto y continúa con la carcajada toda la obra; eso ha sido un acierto de Bonilla, que es muy listo. Hay algo de realismo mágico, porque la acción transcurre en Nochebuena, con todas sus ilusiones y su atmósfera de cuento, pero es también un drama social. El viaje es cómico pero el destino no es agradable, la gente sale del teatro con un regusto amargo. Entretenida pero reflexionando.
–¿Refleja una realidad que no sale en los medios?
–En los papeles sólo salen los políticos y el fútbol. Yo estoy muy cabreado porque los políticos nos han quitado el trabajo a los cómicos. Nos tienen entretenidos mientras el resto padecemos la realidad, el paro, los sueldos bajos, el desamparo. De lo que la gente sufre no se habla.
–Una reina, una princesa... ¿Y Janfri Topera es...?
–El tío auténtico, realista, muy poco racional, apegado a la tierra. Con él están los personajes que hacen Carmen y Martxelo, la chica que sólo quiere ser feliz y el urbanita resabiado. Y María Garralón, la madre coraje. Estamos acostumbrados a verla en papeles dulces y graciosos, y aquí es un verdadero descubrimiento para el público.
–¿Y quién es Froilán?
–El chivo es un actor más. Podría haberse llamado Jesús, pero a lo mejor va la Iglesia y se mosquea. Representa la inocencia, el valor más importante del ser humano, que ya hemos perdido. Mirar a un chivo es como mirar a un perro: ves ternura, bondad... Es esa naturaleza cuya defensa nos llena la boca a todos y luego nada.