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Gastronomía

27.10.08 -

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Restaurante El Abra (Portugalete). Tradicional y asequible
Las tostadas de leche y vainilla son un postre obligatorio.
Antonio Vega y Alicia Miguel cuentan con un dilatado currículo profesional en restaurantes de prestigio (Goizeko Kabi, Gorrocha...), en los que él ha ejercido en la sala y ella, la cocina. Hace 22 años hicieron realidad su sueño de desarrollar su propio proyecto. Empezaron con sencillez e ilusión... La misma de la que hoy hacen gala. Gentes harto motivadas que paulatinamente fueron consolidando el negocio hasta lograr regocijarse en el éxito. A éste han contribuido varios factores: una culinaria costumbrista bien desarrollada, un trato llano y profesional, precios muy razonables y un local estratégicamente situado junto al Puente Colgante.
La cocina no tiene ni arte ni ciencia. Lo que sí posee Alicia es pasión por su trabajo y, además, un don del gusto. Cualquier elementalidad la aterciopela. Hasta cuando se aprecia una teórica rusticidad, como en el caso de la vizcaína, tan densa como sedosa. Salsa exquisita en su sencillez que impregna un bacalao selecto, mejor, noble, que sale en un punto de hechura a prueba de gustos, ni rompedor ni clásico.
Sabroso rodaballo
Esa misma tónica, sustentada en la excepcionalidad del producto, se aprecia en el rodaballo silvestre, sabrosísimo, que se adereza con un suave refrito, siendo banal la guarnición de patatas y zanahorias. Claro que las albóndigas, caseras, esponjosas, gustosas y, sobre todo, entrañables, marcan la diferencia. No menos excepcionales resultan dos condumios tabernarios. La tortilla de patatas es de las mejores que se puedan comer en la hostelería. Hay que encargarla, aunque en la barra se ofrece como tapa gratuita que acompaña al poteo. Otra satisfacción para rememorar condumios tabernarios en franca crisis de calidad: las rabas, materia prima de primera y fritura limpia y precisa, sin ningún aroma a fritanga.
Para empezar, los boquerones en vinagre, no en exceso acidulados, se presentan bastante naturales, barnizado con aceite de oliva y aromatizados levemente con ajo crudo. Que la casa es seria y rigurosa hasta sus últimas consecuencias se aprecia en el foie gras micuit que adquiere, como cualquier otro ingrediente, siempre notable alto. Más elaborada y compleja, satisfactoria a más no poder, la ensalada de bacalao, inmaculada y jugosa, igual que las gambas que le acompañan.
Postres caseros gustosísimos, con independencia de su corpulencia. Es el caso de la tarta de queso, gorda y delicada, igual que la de chocolate, todavía más exagerada. Las tostadas aparecen embriagadas de leche y vainilla, resultando sutiles dentro de un estilo primario. Obligadas.
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