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MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo

El pianista cubano Omar Sosa renovando las raíces africanas negras en el 33 Getxo Jazz (2 de julio)
06.07.09 -

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Contundente, inspirado y elaborado explotó el segundo concierto del 33 Getxo Jazz, el oficiado por el pianista cubano Omar Sosa, un intérprete tan perfecto como orgulloso. Nuestro miedo era que Omar se perdiera por los cerros de Camagüey o por las veredas del Kilimanjaro (actuó liderando al Afreecanos Quartet, totalmente negro y ataviado con túnicas polícromas) dilatando la intervención con ininteligibles pasajes de misas yorubas, pero no acaeció tal cosa.
Su bolo duró 85 minutos, incluyó ocho piezas (más de diez minutos de promedio, ya ven), y sólo renqueó por la falta de pasión en la séptima, la previa al bis. El resto cursó por cimas inalcanzables. Sosa dice que hace música para el pueblo, pero su intervención resultó tan excelente, elitista, que la mayoría del pueblo no la entenderá. No así en Getxo, pues bajo la carpa del Biotz Alai (el chaparrón alivió el bochorno) el respetable atendía a sus piezas con los cinco sentidos despiertos, con la curiosidad y expectación que se masca en las atracciones más espectaculares de Futuroscope, por ejemplo.
El futuro de los samplers, los loops y los ecos vocales se catapultó desde las percusiones atávicas africanas (calabaza también) a lo largo de un encuentro feliz en el que los latigazos latin jazz del piano de Sosa (qué poderío, qué técnica, qué labor tan milimétrica al acompañamiento y exuberante en los solos... qué reminiscencias de Santana en un par de fragmentos) se conjuntaban con naturalidad con las percusiones (nunca aburridas ni gratuitas), la voz (ceremonial y solemne, de un etnicismo melodramático que agradecerían desde Peter Gabriel a Manu Dibango) y el bajo (lo más occidental del combo: percutía el funk y una vez reptó roquista a lo Led Zeppelin). Y no, el cuarteto Afreecanos no ensaya, pero hace los deberes en casa (aunque en el séptimo corte, ‘Iyade’, se destensara y el bajista mirara perdido al pianista, que improvisaba a su bola), y pudo ofrecer un concierto teatral y misterioso, exótico y exitoso, una lección sobre el que algunos aún están volando, soñando y reflexionando.
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