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MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo
Un martes con retraso
Puro soul sureño y rudo funk bailón con The Dynamites en el Kafe Antzokia (8 abril)
09.04.08 -

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El martes acudimos contentos al Kafe Antzokia por conocer (en exclusiva, oigan) que el exquisito Robert Cray actuará en el XX Getxo & Blues, y no nos bajó de la nube ni siquiera el mal rollo de Pato, que parecía mosqueado porque sus fans no habían ido a ver a la banda de Nashville de hondo soul y súper funk The Dynamites.
_ A veces pienso que a la gente no le interesa la música _espetó ante la concurrencia, inferior a la merecida por los yanquis.
_ ¡Ja, ja, ja! Pato, que la peña curra mañana...
_ ¡Y yo!
_ Sí, pero date cuenta de que tú has venido con amigos y aquí estamos cuatro. A muchos, y muchas, les apetecería ver esto, pero no tienen quien les acompañe para gozarlo entretenidos y para compartir las emociones. Y, aparte, cuenta que demasiados aficionados tienen el culo pelado de tragarse tantos retrasos y pasan de arriesgarse a comerse una hora de demora, como la de hoy.
Sí. El bolo se anunció a las 20.30 y arrancó a las 21.30. Además, ante tal tesitura se mata el tiempo trasegando cervezas y muchos deben conducir de vuelta a casa y hay controles de alcoholemia en mogollón de curvas. A ver si los promotores (y las salas) se hacen cargo de que con los retrasos sistemáticos tiran piedras contra sus tejados y la peña se retrae porque está harta de que la tomen el pelo. Esto lo tienen muy claro los emprendedores del heavy metal, los mejores también en puntualidad: anuncian a las 19.30 la apertura de puertas, a las 19.45 el telonero y a las 20.53 el cabeza de cartel, y la suelen clavar.
En el hotel
Pues eso. Nosotros llegamos con media hora de retraso y el grupo aún se hallaba en el hotel. En la barra de entrada aguardamos y vimos a Igu Allnighters, todo un dandy con su fino abrigo de jefe de los mods, quien nos contó que le costó encontrar amigos en Vitoria para acercarse a las 9 a Bilbao entre semana. Y también iban entrando los Dynamites de uno en uno, maqueados con sus trajes y el bajista asombrándonos con su gordura mórbida y su pelo afro, tan exageradamente afro que parecía un enjambre de abejas negras.
Tras la hora de retraso salieron los actuantes y se marcaron 12 minutos de introducción instrumental a base de acid jazz en la onda de Alcohol Jazz (‘Body Snatcher’), muy bien arreglados los tres metales, rotunda la base rítmica y espesos llenadores de huecos la guitarra y los teclados. La cosa prometía y la guinda de la autenticidad la puso al aparecer el vocalista Charles Walker, pequeño, enjuto, elegantísimo en su traje azul. 68 años tiene, pero resistió todo el concierto (dos horas en total) al pie del cañón, encorvándose como Otis Redding, lanzando interjecciones como maestro de ceremonias soul, sintiendo las baladas como Sam Cooke y paseándose como un entretenedor del copón y a la antigua usanza, de los que se tomaban los conciertos como un combate de boxeo.
Se arrancó el pequeño Charles con el ‘Gonna Have A Funky Good Time’ de James Brown, una de sus mayores influencias (los Dynamites fusilaban arreglos del Padrino, Walker presentó a los músicos emulándole, casi todos los ritmos funkateros eran de herencia JB...), pero no se repitió en la onda sino que de la misma abrazó a su otra gran influencia, Wilson Pickett, entonando temas inspirados en el ‘Funky Broadway’ y deteniendo el tiempo en una balada sureña de las que ya no se oyen.
Ahí tomó aire el bueno del afrocantante y luego se dejó llevar por funk lisérgico, se refrenó otra vez en una preciosa versión del ‘Summertime’ (suele ser tópica esta canción, pero en su voz no lo fue) y para el bis se reservó más groove, esta vez palúdico a lo Tony Joe White. Hum... El bolo resultó estupendo. Jamesbrowniano pero más hondo que el ofertado por el imitador Lee Fields. En plan la neoyorquina en boga Sharon Jones, pero con más músicos y la raíz sureña de los de Nashville, Tennessee, que se tiene o no se tiene. Ya ven qué lujo un martes.
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