Buena entrada la del domingo para ver en el 15º Musiketan a los tangueros La Chicana, que actuaron en sexteto conducido por su sexy vocalista, Dolores Solá, quien apareció la última, deslumbrante con su melena morena y su vestido burdeos pegado al frontón de su vientre y mereciendo la primera gran ovación de la velada, vive Dios. Siseante se ignora hasta qué punto seductora o estilista, Solá peleó con el líder en la sombra de la banda (Acho Estol, su pareja), nos sedujo constantemente (lo tenía fácil: a nosotros ya nos da igual la Juana que su hermana), introdujo gran parte del repertorio (genial cuando soltó que estaba bien que no hubiera bolivianos en el Euskalduna) y parecía achispada de tanto vino que bebía (“la copa se agarra por el fuste, esta tía va de guay”, criticó el empático Pato, impenitente veedor de féminas).
Sexy, irónica y hasta cínica, la diva descarada abrió con ‘Canción llorada’, reincidió en el mismo rol en ‘Juguete rabioso’, y al acabarla se presentó, recomendó que deberíamos tener una copa de vino pero nos consoló prometiendo que ella bebería por nosotros (nos trató de usted) antes de pasearse con zapatos de plataforma (“como una drag queen”, observó Pato) en ‘Nos tenemos que ir’, casi pop a lo Julieta Venegas.
Carla Bruni
La cuarta pieza, ‘Viaje astral’, fue la primera cima, con guiño a Nirvana (esta Dolores pilla a Kurt Cobain y él no se hubiera pegado un tiro) y explosión zíngara onda Kusturica. También hubo vals (rico ‘Pecado fresco’) y otra cima en el instrumental, ‘Una noche de garufa’, del pionero Eduardo Arolas. Lo más bonito fueron los instros, sí, y la sensual Solá (la segunda beldad del local, pues la primera era Yolanda, violinista estilizada de ojazos penetrantes cual estiletes eléctricos y más elegantísima que Carla Bruni ante la Reina de Inglaterra) regresó para entonar a dúo la nana de Tom Waits ‘Lullaby’ y en trío ‘Puro cuento’, que a cachos recordó a los Nirvana unplugged.
‘Sivuca’ descolló como instrumental forró, las partituras de Arolas se repitieron en ‘Fuegos artificiales’ (aquí rezumó la melancolía violinista de Ara Malikian) y Dolores, ahora vistiendo nuevo modelito de muslos tras velos, encantó con una ternura inopinada al presentar el clásico de Enrique Santos Discépolo ‘Confesión’, un tango perdedor y victimista. Otro hito fue el taquirari boliviano ‘El cambó’ (en plan Los Lobos folcloristas) y la cosa se dilató hasta las veinte piezas en hora y media con la chirene Dolores sin dejar de brillar ni siquiera al llamarnos ‘vajcos’.
La bella divagó (‘Ayer hoy era mañana’), hizo mutis por el lateral para ceder paso a un instrumental de Bach, nos empujó a la carcajada en el pop a lo Ana Belén ‘Viralata’ (así llaman a los perros callejeros en Brasil; ella dijo que sus vicios son Velázquez... Coca... y Tita... ¡sus tres canes domésticos!), maravilló con la desnudez también casera del top al final desmontado de su segundo modelito, se lució en la milonga costumbristra ‘Jacinto chiclana’ (de Borges y Piazzolla) y se recogió en el primer bis (la chula ‘La patota’) y más aún en el segundo, muy requerido, (éste con un instrumental más una suerte de son jarocho que no presentaron).