El jueves acudimos a la cuarta tripleta del 20º Villa de Bilbao. Los tres grupos cantaban en inglés y estuvieron bien, pero no para enamorar. Abrieron Sweet Oblivion, de Getxo, uno de los combos vizcaínos de country-rock que un guitarrista ha creado para que cante su novia. En este caso, Alfonso ‘Cujo’ para su churri, guapa como todas las que se llaman Mercedes. Les escudan tres conocidos en la movida local (Pit a la guitarra, Gurru a la batería...), sonaron a excesivo volumen, rozaron el country moderno entonado por ella tan dulce como Allison Moorer (la esposa de Steve Earle), Alfonso impuso melodías que le molan (vía Teenage Fan Club, Pavement...), y en el epílogo el rock amable remitió a Pretenders.
Les sucedieron los giputxis Trigger Travis, que atrajeron a una afición de pinta gaztetxera que la gozó con su breve set, hirviente de hardcore-punk chillón que encadenó a Plasmatics con Safety Pins, a Aerobitch con Poison Idea. Agresivos y dinámicos, eran cinco conducidos por Marga, una cantante que representaría el reverso oscuro de la lánguida Mercedes (la de Sweet Oblivion, no lo olviden).
Cerraron los barceloneses Cool Frog, un trío mod en la escuela de los Jam. Gustaron bastante a varios del jurado, y Pato, con las pilas cargadas pues por fin el finde pasado pudo sacar a Proletariado y Estrella Roja (sus esquís), se aventuró aseverando que iban a ganar. Hum... nos acordamos de que unos franceses en el mismo rollo obtuvieron un buen papel, pero no recordamos su nombre. Pues los tales Rana Guay catalanes, con un guitarrista en traje mil rayas que lanzaba riffs simples y vitalistas, se proyectaron hasta Brighton 64, Arctic Monkeys, Steve Winwood o Bloc Party, pero sin desprenderse de la imagen de grupo tribal, o sea fiel al catecismo mod.
De altura
El jueves presenciamos el primer pase en el Bilbaína Jazz Club, donde el cuarteto del saxofonista neoyorquino Pete Robbins compartió generosamente las labores solistas: Pete fue clásico, solemne en plan el spaghetti western de Morricone el contrabajista Masatoshi Kamaguchi, esforzado y hasta dolido en el gesto el guitarrista Ryan Blotnick (un habitual del club) y de altura el baterista Kevin Brow. Todo el repertorio fue de altura, bastante intelectual si se quiere. Empezó y acabó con sugerentes ondas coltranianas y en la mitad los juegos a impulsos desembocaron en garabatos free. Todo ruló improvisado, pero bien, atentos todos a los pentagramas sostenidos por los atriles.
Reunión de amigos
El jueves cerrarmos la noche acudiendo al Kafe Antzokia para ser testigos del estreno en vivo del segundo disco de los portugalujos Hash, 'Have A Sweet Heil', que pronto DRO pondrá en las tiendas. Fue una fiesta encima y debajo del tablado. Había mogollón de amigos de los actuantes, clientes del bar la terraza de Portu (el centro social de la banda) que se arremolinaban parlanchines alrededor de las barras del Antzoki y desprendían no pocos efluvios narcóticos. En tal ambiente etílico-festivo aceptamos la invitación cervecera de Bosco El Tosco, nos alegró besar (ejem, saludar) a Bego la txurri de Tsustas, y hasta Pato se dejó llevar por la atmósfera y le compró una botella de orujo a Manu El Gallego, que tenía el coche aparcado cerca.
Y de fondo atronaba el rock and roll sureño de Iñaki y sus cinco amigos músicos. Empiezan a introducir temas en castellano (los más rocanroleros resuenan a los Flying Rebollos, otros más serios se parecen a los de La Vacazul), pero se siguen sobrando en los angloparlantes, donde dan el callo como una banda yanqui cuando acometen rock sudista entre Allman Brothers y Screaming Cheetah Wheelies, se marcan baladas soul que miran sin complejos a Otis Redding y se disparan con el boogie vía Rose Hill Drive. En el capítulo versionero cupieron rendiciones a Chuk Berry (con lujo en plan Presley) y ya en los bises un arrollador 'Mistery Train', el hispánico instrumental de los Fabulosos Thunderbirds 'Cherry Pink And Apple Blossom White' o un 'Voodoo Chile' de Jimi Hendrix fuera de caché, como dijeron ellos. Ah, y antes hubo más amigos y así Edorta se subió a cantar un par de viejos temas de los Flying Rebollos: 'Perseguido' y 'Cuatro acordes'. Qué fiesta, oigan. Todavía me duele la cabeza.