Sábado 7, Robert Cray: Un tótem brillante
Más henchido de orgullo que nunca por escribir para esta casa les cuento el concierto estelar del XX Festival Internacional de Blues de Getxo, el del sábado, cuando ofició triunfante ante la gran expectación el insigne y elegante Robert Cray. A lo largo de 90 minutos ejecutó 13 números solventados sobre tres pilares fundamentales: su trío blanco de acompañamiento, rebosante de rutilante calidad jazz a lo GPR; su emotiva garganta de soulman negro; y sus guitarras Fender Stratocaster, a las que extraía un blues aperturista, expresivo y sin fronteras estilísticas.
Cray es la última gran figura negra del género y lo certificó en una velada no tan brillante como la de su debut vasco en el Festival de Jazz de Vitoria de 2005 (en Getxo el repertorio fue inferior y la actitud del artista... hum... diferente, pues creemos que le molestaron algunos murmullos del público y que éste no entendiera ni papa de lo que hablaba) y en la que se notó por qué su blues, al igual que el flamenco, es muy difícil de registrar en disco. Los repertorios soul de Cray son más fáciles de enlatar aún sin almíbar, pero su blues nocturno, metálico y posmoderno suele resultar muy frío en CD, por eso le tildaban de ‘bluppie’ (de blues pijo para yuppies; él se defendía calificando de ‘blunáticos’ a sus detractores inmovilistas). Sin embargo, en la noche sabatina, Cray refulgió cual tótem imbatible que conoce y respeta a sus ancestros (cambios de voz vía Howlin’ Wolf o Taj Mahal, punteos rudos, violentos y dolidos como los de su maestro Albert Collins), se entregó en el cancionero (ojos cerrados, espasmos reprimidos, pasión vocal, interacción con sus escuderos...), y (también) sufrió un par de pérdidas de concentración percibibles por algunos.
El inicio con cinco temas despejó el panorama: ‘I Guess I Showed Her’ fue soul con falsetes a lo Curtis Mayfield; ‘Our Last Time’ blues de ocho compases premeditadamente esquelético; ‘12 Year Old Boy’ blues de doce compases renovador del género y con Cray prodigioso al dominar la escena y la emoción como Luther Allison (‘mirad cómo sufro’ pareció decir al puntear y levantó ovaciones del público que ni José Tomás); ‘I Was Warned’ hechizó misterioso y coló un inserto boogaloo; y ‘Back Door Slam’ tributó a Collins.
Entre los números 6 a 8 se aplacó con ‘Poor Johnny’ (lento rock), ‘Right Next Door’ (soul adúltero) y ‘Twenty’ (balada sobre la guerra de Irak que el batería cantó para él), pero, bah, bien por el receso: así asumíamos la situación, Pato y Bosco el Tosco iban al bar a por más litros de cerveza, y serenábamos el alma aprestándonos para el sprint final, que no dio todo el potencial esperable aunque las dos siguientes descollaron: ‘The One In The Middle’ remitió al country soul del gran Al Green y contuvo un solo de piano de lo mejor de la jornada, y ‘Smoking Gun’, el éxito que le hizo famoso y millonario, llegó suelto y soulero.
Chuleta y también orgullosa, la Robert Cray Band hizo mutis por el foro. La gente exigió el bis y éste llegó triple pero sin rematar con la balada ‘Time Makes Two’, el blues ‘I’m Walkin’ y el standard blues ‘Sitting On Top Of The World’. Hum... bonita noche. El bueno de Robert llega a tocar ‘Bad Influence’ o ‘Phone Booth’ y fenezco de la emoción. Pero, vaya, volvimos a sobrevivir, je, je...
Viernes 6, Eugene 'Hideaway' Bridges: Demasiado respetuoso
Más que correcto primer cabeza de cartel el viernes en el XX Festival Internacional de Blues de Getxo. Ofició el guitarra de escuela tejana Eugene ‘Hideaway’ Bridges, quien, como barruntamos, se lo montó mejor en los momentos más soul, pues tiene una voz preciosa y bien educada. Lástima que su lírica tan prosaica se limite a ‘oh, te vi y supe que eres la mujer de mi vida’, o ‘uh, yo soy un bluesman y he venido aquí para animar la fiesta’. Si pretende romper el circuito especializado y esclerótico debería cantar, por ejemplo, sobre la infidelidad (lo que hizo millonario a Robert Cray) o sobre que, hum, ella tiene 16 años (por lo cual Muddy Waters ha pasado a la historia).
Eugenio atesora lo mejor de la tradición del blues (es un notable guitarrista y un dulcísimo vocalista), pero le lastra su excesivo respeto a los cánones, el asimilar el blues como una suerte de folk reiterativo en vez de una música viva y expresiva (y eso que su repertorio es original y no versionero). Hideaway (apodo suponemos en homenaje al hacha Freddie King, el Cañonazo de Texas), en 95 minutos con 18 temas (un bis) condujo a un sexteto blanco (tres metales, bajo, batería y teclas) muy mal vestido que contrastaba con su roja elegancia de paleto sudista, su gordura negra y sus modernistas y finas rastas a lo Lenny Kravitz.
Tragamos aire cuando el bluesman se arrancó muy festero y tejano, en plan Johnny Copeland o T-Bone Walker inspirando a B.B. King. Pero luego expiramos aliviados cuando se atracó con soul amoroso, guitarrero a lo Syl Johnson o deliciosamente vocal en la escuela que va de Sam Cooke a Eddie Hinton. Así nos ganó, aunque a la larga se repitió un poquito con tanto esquema soul-pop Sam Cooke entre el que intercaló funkito vía Walter Wolfman Washington, un blues de cortar como B.B. King en Japón, algún recitado sofisticado, un arrebato tipo Louis Jordan para saltar y, en el bis, una copia de James Brown refrescada con kas de limón por Hideaway, que supo sacar adelante una velada memorable.
Domingo 8, Shemekia Copeland: Aspirante a Reina
El domingo se cerró el XX Getxo & Blues, el mejor cartel a priori y el más satisfactorio a la postre de los años recientes. Cerró bajo la carpa de la Plaza Santa Eugenia, a salvo de las nubes negras que asustaron incluso a los risueños paisanos de Ondárroa, la cantante negra Shemekia Copeland, que desplegó más tablas y saber estar que en su primera visita al mismo festival. En sus inicios adolescentes la crítica la trataba demasiado bien para sus merecimientos verdaderos, quizá porque los plumillas eran fans de su ilustre padre, Johnny Copeland, el Texas Twister. Pero es ahora cuando Shemekia da muestras de chorro vocal, de clase contenida a lo Etta James y de ajustamiento al soul rockista, urbanita y setentero de la lúbrica y ágil Tina Turner, su mayor influencia, a pesar de que Shemekia es una fémina muy pequeñita, gordita y redondita.
Empero su físico, la nacida neoyorquina jugó al blues sexy y, durante un punteo de su guitarrista Arthur Neilson (que tiene carrera propia y del ahora pinchamos su CD ‘Hell Of A Nerve!’, apadrinado por el mastodonte Popa Chubby), dibujó una escena visual de la que observó Pato, el enamoradizo: “Oh, qué bonito juego de seducción”. Hum... da la sensación de que en el fondo la negrita es tímida y que sobre el tablado cumple un papel que le lleva a asegurar que es una tía que canta el blues lo cual significa que tiene muchos ‘ex novios’ (lo dijo en castellano).
Además presumió de su colaboración con Dr. John, hizo blues-rock de Louisiana y contó que a los nueve años vino a España por primera vez y que se juró que volvería con sus hijos... cuando se case con algún ex novio y nos enseñó a una sobrina. También recordó a su padre Johnny Copeland en la versión soulera a lo Little Milton de su ‘Ghetto Child’ pero ese día se la dedicó a su madre, pues era su cumpleaños y estaba en Pensilvania. Por último defendió la música antigua en la coreada ‘Who Stole My Radio?’ y, en el bis, hizo de Reina del Blues al revisitar el ‘Let The Good Times Roll’ de Louis Jordan en plan Koko Taylor, a la que aspira a suceder en el trono... y puede que lo logre.