Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
Y si has estado en el concierto puedes dejarnos también tus comentarios
El viernes se celebró la fiesta de adelanto del festival Bilboloop con un concierto encabezado por La Habitación Roja, uno de los combos más sólidos y trascendentes del pop independiente nacional. Había buen ambiente en el Kafe Antzokia, primaban los veinteañeros y se dejaban ver mogollón de burguesitas peripuestas, para regocijo de Pato. Ya escribimos en su día que el bono del Bilboloop vale 15 euritos de nada (ocho grupos y tres días) y el viernes se confirmaron nuestras altas expectativas de diversión, pues los valencianos, vestidos con camisas de cuadros y polo Fred Perry, se salieron al montar su repertorio sobre un bajo enfilado, una batería rotunda más dos guitarras (Rickenbacker y Gibson casi todo el rato) al servicio de un pop poderoso de lírica muy por encima de la media (informada -“en mi cabeza está el eje del mal”-, de cultura pop -“mayor Tom llamando a la tierra”-, etc.), una lírica asaz melancólica aunque con momentos autoafirmantes.
La Habitación Roja abrieron rompiendo la pana con dos piezas en diez minutos. A toda leche, con poderío: ‘Ésta no será otra canción de amor’ (“He de reconocer que cuesta más olvidarte que odiarte o amarte”), con pulsión vía Los Planetas, y ‘Agujeros negros (más muerte del amor, ahora en combustión: “Y tú eres lo primero / El origen de todo este infierno / Y tú eres lo primero / Lo siento, me muero por dentro”), ahora con el deje perezoso de Lory Meyers. Como diría La Reina de la Movida marcando la erre ondarrutarra: “brrrrutal”.
Tras la sacudida inicial, el resto del listado mantuvo el tirón... y la absorción. Debajo de las incesantes imágenes de la película 'El tercer hombre' ("si alguno la está viendo podemos poner las letritas", ofrecieron ellos), el bajo no perdía comba, los bruscos arreglos que rompían la linealidad eran de un roquismo atosigante (¡esa coda baterista a lo Cherry Valence de ‘La edad de oro’!), los estribillos enganchaban, las partículas de psicodelia inglesa onda The Verve salpicaban los lapsos menos densos, los valencianos destruyeron en un par de ocasiones a los denostados Lemonheads (‘Nunca ganaremos el mundial’ fue una), cierto deje a lo Smiths reveló hartazgo emocional, la parafernalia británica de Windmill apareció sin teclados (‘Nuevos tiempos’), la electricidad se compartió con Apples In Stereo ( por ejemplo en la mentada ‘La edad de oro’, introducida por ellos como “un pequeño clásico”), y la rabia e incluso el rencor del desamor flotaron de nuevo (‘El eje del mal’, híbrido de Los Planetas y la Granja).
Ya en el bis atendieron peticiones del personal ("dejaremos de ser egoístas", comentaron los oficiantes) y flojearon al ejecutar canciones no ensayadas (‘Mentiras’), pero antes del adiós remontaron vuelo con ‘Un día perfecto’ y ‘Los últimos románticos’. Eso, son unos románticos.