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MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo

Más de mil personas de ambos sexos y todas las edades disfrutaron del sinfonismo actualizado de Porcupine Tree en la Rock Star Live baracaldesa
13.10.08 -

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Tras llenar con semanas de antelación en Madrid y Barcelona, el grupo inglés de rock progresivo Porcupine Tree reunió a más de mil personas el domingo en el Rock Star Live de Barakaldo. El respetable era transversal, reflejo de su éxito más allá del culto: había muchas chicas (más que la media de los bolos) y compartieron emociones chavales que coparon las filas delanteras y veteranos del rock sinfónico que recordaron sus viejos tiempos. Y es que el rock sinfónico siempre encontrará aficionados que se encierren en sus habitaciones para diseccionar los nuevos discos y para volar por sus conceptualizaciones varias.
Un álbum conceptual divulgaban Porcupine Tree. ‘Fear Of A Blank Planet’, en el que su líder con pinta de inadaptado Steven Wilson muestra su desconcierto y rechazo ante tanta tecnología incapaz de asumir con la que nos aturde el orbe contemporáneo. Desde los ordenadores personales absorbentes a los juegos virtuales y a la música constante taladrando los celebros de los individuos ambulantes a través de los auriculares. Un mundo alienante que muda en vulnerable y casi miedoso a Wilson, quien en vivo y en quinteto (un baterista que percutió del metal al jazz, un guitarrista rudo...) superó el sonido del CD (en directo llegó más aristado, menos homogéneo, más corpulento, menos escapista), se apoyó en lo que pudo en una pantalla pequeña (el Rock Star tiene el techo demasiado bajo y no se pueden poner más grandes) sincronizadas con la música (aún discutimos si fue si trágico o cómico el instante en que el tren arrolló a la chica emo justo cuando explotaba la música), y obtuvo su culmen en el tema más celebrado, ‘Anesthetize’, cuando la peña vibró y una francesita maciza se puso a danzar con brazos en alto, como si estuviera en alguna discoteca ibicenca.
Más visible
El rock progresivo sobrevive en una clandestinidad cada vez más visible. Los nuevos grupos fagocitan el pasado de los nombres clásicos y aportan nuevas facetas, desde los marasmos planeadores hasta el pop urbano postmoderno (y el flamenquito de ‘Trains’ este domingo, con decenas de espectadores arrancándose por palmas). En su hora y tres cuartos de concierto no tan extravagante ni cinético como avanzó Wilson (la sala no da más de sí para ciertas propuestas), por lo periclitado pero no tanto Porcupine Tree dejaron notar escuchas de la agresividad guitarrera de King Crimson, retratos de paisajes imaginarios a lo Yes, la burbuja cerrada psicodélica de Pink Floyd y el éter suspendido y trascendental de Genesis y Peter Gabriel, una influencia muy socorrida en el álbum ‘Fear Of A Blank Planet’, por cierto.
Por el lado contemporáneo, en la raíz del repertorio de Porcupine Tree se encuentra un pop con anhelos trascendentales emparentable con Radiohead, tótem actual ponderado sin rubor por Wilson. Además, los ingleses en ocasiones agitaron violentamente su listado (como Opeth por ejemplo), planearon naturalistas en la estela de bandas de renombre metálico como Katatonia y Anathema (que en el fondo pueden llegar a ser grupos ambientales asumibles por todo tipo de público), y se despidieron con un cóctel que hasta frisó lo industrial (‘Halo’; donde Wilson se rebela ante Dios, je, je...). Ah, nuestro tema favorito quizá fuera el instrumental guitarrero que aleó el rock de Jeff Beck con la fusion de John McLaughlin. Eso.
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