Dejando atrás década y media de rock recio y crápula con Los Enemigos, Josele Santiago mutó hace cuatro años en ‘rockautor’ canalla con jugosas letras que, en su nueva entrega, remiten a Ricardo Solfa, Krahe o Pla y fluctúan entre la socarronería, la ironía castiza y el existencialismo cotidiano. Josele lo presenta en Bilbao con Las Menudencias, como ahora se llama esa banda de «grandes pluriempleados» que integran los guitarristas Pablo Novoa y David Krahe, Javier Rojas (bajo) y Jorge Santos (batería). Aunque ni él mismo lo sabe («hay un Cristo del carajo en mi nueva oficina», dice), será el jueves en el Antzokia, donde primarán las canciones sobre el lucimiento personal. «Esto no es jazz», vacila.
–No te gusta hablar de tus canciones, pero no vas a tener más remedio...
–Es que no se puede... Tengo con ellas una relación bastante surrealista: salen de lo que uno mama y tiran para un lado u otro. Doy a veces palos de ciego, pero trabajo con la intención de que todas sean igual de buenas.
–¿Has vuelto a grabar en directo y en una semana?
–Sí, ya no se lleva grabar así, pero a mí me gusta. Lo hicimos en junio de un tirón y además con pocos ensayos, es lo que pasa por tener a la gente pluriempleada... Como contrapartida, tengo la suerte de poder contar con muy buenos músicos, con los que basta tener claras la estructura y la armonía de las canciones.
–¿Y cómo ha quedado el disco, según su autor?
–Está mal que lo diga, pero creo que muy bien. Es un disco más de banda, sin tantos matices ni sutilezas, más rock o más enérgico, si quieres. Hasta hay un par de solos de guitarra eléctrica, aunque no los hago yo, sino Pablo y David. Los que hago yo son con la acústica, un trabajo de guitarra distinto y menos lucido que, modestia aparte, no lo hace cualquiera.
–Así que te has ‘encontrao’ después de la locura, tal y como proclamas en el título del disco.
–Se refiere a encontrar el punto justo de locura, porque la vida son cuatro días. Me tiré muchos años loco perdido, luego me dediqué a buscar la cordura y durante un par de años viví como un monje, pero eso tampoco me gustó y ahora soy un loco ‘encontrao’. Estoy a gusto siendo bueno y loco hasta cierto punto.
–En ‘Siendo güeno’ versionas el ‘Ain’t Misbehavin’’ del pionero del swing Fats Waller.
–Sí, es una versión agitada de un tema que toda la puta vida había querido adaptar al castellano. No veía cómo hacerlo sin decir cosas tipo ‘guardo todo mi amor para ti’, pero he encontrado el modo.
–En tus dos discos previos también hubo versiones.
–Sí, pero no es algo premeditado. Oyes una canción y dices ‘¡hostia, me gustaría hacerla!’. Una versión da una pincelada ajena a tu mundillo.
–¿Hay un nicho para el rock de autor que puedes compartir con Jamie Urrutia, Miguel Costas o Jorge Martínez ?
–Claro, es un reducto lógico, porque la gente que componía en sus bandas sigue. Aquí hay una tendencia absurda a despreciar a los veteranos, cuando fuera la gente que mejor música está haciendo peina canas: Tom Waits, Ray Davies, Costello... Y no hablemos de Nick Lowe, cuyos últimos discos son de cagarte la pata abajo. ¡Habrá que estar en su gira!
–¿Ya empiezas a dejar de ser el ex líder de Los Enemigos?
–Esa ha sido mi intención desde el principio. Tengo repertorio suficiente como para no tener que recurrir a temas de Los Enemigos, que, por otra parte, también eran míos. Pero bueno, si la gente nos pide algún tema, no hay problema. Cuando nos juntamos en trío por el veinte aniversario lo pasamos bien, pero ahora estamos en otra cosa.