
El factor Carter
Acreditado en más de 2.500 referencias («no estoy seguro de cuántas», apunta), Ron Carter figura entre los diez jazzmen más grabados de la historia. Sin embargo, siempre es recordado por su periodo en el quinteto de Miles Davis (en la foto). «Es algo que no puedo cambiar. Me gusta pensar que, a partir de esa conexión, la gente puede conocer las otras cosas que he hecho», dice. Al margen de más de un centenar de composiciones propias, el contrabajo de Carter ha respaldado a la crema de jazz, pero también a artistas de otros géneros como James Brown, Aretha Franklin, Roberta Flack, Paul Simon, Grace Slick, A Tribe Called Quest.... «Hasta Jefferson Airplane», nos recuerda.
«Habría que preguntar a quienes me invitan qué esperan de mí. A veces hasta me sorprende que me conozcan –admite–. Supongo que será por mi ángulo diferente: el trabajo de los bajistas de rock o pop es tocar lo mismo cada noche, yo trato de buscar algo diferente». ¿Y a qué músicos de jazz le gustaría acompañar? «De los actuales, sólo a uno: Ahmad Jamal, una gran influencia para Miles. No he tenido la oportunidad, pero no pierdo la esperanza. De los clásicos, me habría gustado tocar con Duke Ellington o en la orquesta de Count Basie, claro».
Tras la visita de Eliane Elias, el ciclo otoñal del programa 365 Jazz Bilbao continúa en plan estelar con el excelso contrabajista Ron Carter. Con una abrumadora discografía como músico de sesión y solista, las más de cuatro décadas de trayectoria de este ilustre veterano están jalonadas de conexiones con luminarias del género. Eric Dolphy, Joe Henderson, Cannonball Adderley, Milt Jackson, McCoy Tyner, Freddie Hubbard, Quincy Jones, Jim Hall, Lee Morgan, Donal Byrd, Stan Getz o Jobim jalonan su currículo, mediatizado sin remedio por su relación con Miles Davis.
Carter fue requerido en 1963 por el inmortal trompetista para completar un histórico quinteto en el que se habían alineado antes gigantes como Sonny Rollins, John Coltrane, Bill Evans o su colega Paul Chambers. Y eso marca. «Fue hace más de 40 años, pero recuerdo su primer acercamiento. Yo tenía 26 y estaba tocando en un club con el grupo de Art Farmer. Una noche se acercó al final del set y me preguntó si quería ir a tocar en California con su nuevo quinteto. Le contesté que tenía un trabajo y no dependía de mí. ‘A lo mejor si hablas con Art me libera de esa responsabilidad’, le dije. Creo que a Art le gustó que le pidiera permiso con respeto, y así pude empezar junto a Wayne Shorter, Herbie Hancock y Tony Williams».
Carter aportó su estilo sobrio y elegante a discos como ‘Miles In The Sky’, ‘Seven Steps To Heaven’, ‘ESP’ o ‘Sorcerer’ y permaneció en la agrupación hasta 1968, cuando fue sustituido por Dave Holland, que también estará en el 365 Jazz Bilbao. Con interpretaciones «que cambiaban cada noche», Ron continuó la labor de Charlie Mingus y Scott La Faro, precursores en el empeño de dar al bajo un papel protagonista, «rítmico pero también creativo». El músico guarda un gran recuerdo de aquel lustro en el que ayudó a Miles Davis a alterar el curso del jazz. «Me quedo con la gran relación que surgió entre nosotros. Tocar con ellos era cada noche un desafío, como estar en un laboratorio en el que había unos ingredientes musicales que tenías que acertar a combinar. Miles me enseñó a tocar siempre al máximo nivel. Había que dar la talla aunque te doliera algo o te sintieras mal. Sin excusas».
A aquella etapa remite su último disco de estudio, ‘Dear Miles’, con improvisaciones sobre clásicos como ‘My Funny Valentine’, ‘Bye Bye Blackbird’ o ‘Stella By Starlight’ y composiciones propias. «No es un álbum de tributo, sino mi visión de esas composiciones. Solemos tocar algo del disco, pero en directo nos damos mucha libertad, cambiamos el repertorio cada noche», comenta en referencia a su concierto del jueves en Bilbao, donde tocará en cuarteto junto a su pianista de confianza Stephen Scott, Payton Crossley (batería) y Rolando Morales-Matos (percusión).
El contrabajo y el avión
Docente y arreglista además de compositor, solista y músico de sesión, Ron Carter (Ferndale, Michigan, 1937) fue educado en la rigidez del clasicismo, que abandonó –con problemas raciales de por medio– para abrazar el espíritu libre del jazz. «Me permite crear mis propias notas, mi propio feeling, pero aún me interesa la clásica. Suelo tocar a menudo los conciertos de Brandeburgo (Bach) y también con el violonchelo, que fue mi primer instrumento».
A sus muy bien llevados 71 años, Carter mantiene una intensa agenda de conciertos en diversos formatos. «La música es mi ocupación y disfruto tocando cada noche. Mi evolución tendrán que valorarla los demás, pero creo que con los años he aprendido a adaptarme con más facilidad a los diferentes músicos con los que toco. Aunque no poder llevar mi propio instrumento es un problema. Desde hace años, con las aerolíneas es imposible, y cada noche tengo que luchar con un contrabajo diferente hasta lograr mi sonido. Intento dar siempre mi nivel, pero aún estoy aprendiendo cómo hacerlo».