Atrás quedó 2007, el año del más conejo, menos propina. Este 2008 se barrunta que será año de crisis. Económica en general y aquí política en particular por culpa de los gobiernos que padecemos. Los del bafle creíamos haber tocado fondo en 2007, pero siempre se puede ir a peor, y con fatalismo aunque sin miedo arrancamos la temporada la tarde del jueves en el FNAC, donde vimos a la macedonia Maika Makowski. Menos mal que no vino Pato, si no, se nos vuelve a enamorar.
Humor, intuición y coraje, como le dijo don Felipe a don Juan Carlos, no le falta a la cantautora rockera. Nosotros añadiríamos que Maika es risueña, inteligente y radiante. Que luce boca grande, piel tersa, brazos llenos, muslos prietos, melena morena y lisa, cejas perfectas, ojos límpidos, naricita genial, escote formal revelado por la camiseta de tirantes... Un primor, sí. Molaría mazo ser su novio, descarado.
La chica, macedonia, ya se ha dicho (seguro que es descendiente directa de Alejandro Magno, por hermosura, poderío y control de la masa), actuó escudada por dos tipos de camisa negra y corbatas blancas rayadas en plan nuevaolero, y en power-trio descargó un repertorio que hizo trizas el anunciado set acústico. Ella se reía, orgullosa de su potencia, je, je...
Apabullante
Maika, de ancestros macedonios, nacimiento balear y residencia barcelonesa (nadie es perfecto, ya), además de con temporadas formativas en Madrid y Nueva York, ofreció un concierto impecable, apabullante y rodado. La base rítmica masculina la seguía fiel y fornida, y ella la bella, con la guitarra colgando y expeliendo ritmos de raíz (del rock and roll al blues), jugaba con su garganta en la senda de cantautoras contemporáneas (dando vueltas a las esquinas como Ani DiFranco, revelando el alma como PJ Harvey, mostrando su sensualidad como la jazzwoman Terez Montcalm...), subía y bajaba emocionalmente en plan Chryssie Hynde (dicho sea para entendernos), y roqueaba con los sostenidos de Janis Joplin, la energía de los DTs y una solvencia superior a las Detroit Cobras.
Maika Makovski se reía sincera, marcaba el boogie, redoblaba el rock and roll, se salía a solas (sí, en solitario llenaba el tablado) y cuando más bullicio concitó fue en el cover del ‘Outlaw Blues’ de Bob Dylan, cuando un tropel de compradores (niños, madres, curiosos...) se asomaron para ver qué se cocía. Y acabó el bolo y le regalamos tres CDs sin intención espúrea, ¿eh?: un promo del ‘Canon’ de Ani DiFranco, un doble recopilatorio del sello Appleseed, y otro en catalán de una tal Lídia Pujol. Qué guay.