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MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo
Para menores de 18
2000 fans gritando con Simple Plan en el Rock Star Live (10 abril)
11.04.08 -

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¡Qué mogollón, oigan! ¡Vaya tormenta hormonal! ¡Qué chillidos tan agudos! Todo lo montó la exultante chavalería el jueves en el Rock Star Live de Barakaldo durante la actuación (80 minutos, 17 temas) de los canadienses Simple Plan, un fenómeno del pop comercial global actual. Sonaron estupendamente, se lo curraron para contentar a sus fans (pecaron de infantilismo e incluso una vez usaron trucos de payasos, ¿pero a quién le importa?) y hasta arrancaron su bolo dejándonos con la boca abierta gracias a cuatro formulaciones de punk-pop acelerado, arreglado y requebrado.
Estas cuatro canciones descollaron como la cima del bolo. Fue un asalto sin coger prisioneros, como dicen los yanquis: teclados pregrabados a lo Europe abrieron paso a la idiosincrásica ‘Generation’, las cámaras digitales y los móviles de última generación siguieron iluminando en ‘Take My Hand’ (‘Dame la mano’), otro calco de Green Day fue ‘Shut Up’ (‘Cállate, no me digas lo que debo hacer’) y se finiquitó el introito increíble con ‘Jump’ (‘Salta’), un punk californiano a lo NoFX sin peligro y con la muchachada botando al unísono y haciendo vibrar un suelo que, gracias a Dios, no se rompió.
El bolo estaba calificado como U18, under eighteen, para menores de 18 años. Como los chavales de menos de esa edad se supone que no pueden entrar en los bares, en tales eventos se les permite y, para pedir bebidas alcohólicas, deben mostrar el carné y, si no superan el límite, no se les sirve, claro. Además, a la sala se le exigió que para la ocasión dispusiera de una ambulancia.
A partir de ese cuádruple embate, el encuentro discurrió con dientes de sierra pero los 2000 espectadores, seguramente fans también de ‘Rebelde Way’, ni lo notaron y atendieron con el mismo interés, clamor y fervor las andanzas del cantante sonrosado con tatuajes en los brazos con los que pretende endurecerse como una bestia del hardcore, del bajista que se paseaba con su sombrero a lo Pete Doherty... Simple Plan hablaban mucho en castellano con acento mexicano, en la quinta canción dijeron “muy caliente esta noche” y el personal se puso a ondear las manos como en Los Van Van cuando los roqueritos se arrimaron al pop coreografiado tipo New Kids On The Block con coros oooh-ooooh en ‘When I’m Gone’ (‘Cuando me haya ido’).
Interrogantes vitales
El resto distó bastante de colmar las expectativas sugeridas por el inicio y la profusión de interrogantes vitales adolescentes (no sé, no sé, no sé...) subyació bajo cancioncillas más diferentes entre sí y dispersas, con poca chicha, menos coros para jalear belicosos, muchos menos guitarrazos e inevitable victimismo de la edad del pavo. Así, el nivel no subió con ‘Addicted’, una suerte de punk para una nueva versión de ‘Grease’, y mucho menos en el tecno de ‘The End’, aunque Simple Plan se pusieron gallitos en ‘Me Against The World’ ('Yo contra el mundo'), tema con deje metalizado a lo Bon Jovi, pero la verdad es que sin coros sus composiciones pierden interés, se desnudan hasta la nada.
En la novena, el cantante Pierre Bouvier dijo que “Simple Plan estamos enamorados de España”, la gente lo jaleó con alegría, él preguntó quién estaba enamorado y a quién le habían pisoteado su amor, y así introdujo ‘Your Love Is A Lie’ (‘Tu amor es una mentira’), abierta con soul a lo Terence Trent D’Arby, flojeras por la falta de guitarras, y cerrada mirando al power pop de Weezer. Los canadienses sabían que éste título es un bajón en su listado y advirtieron que el siguiente sería rápido y que querían vernos montando el pollo en el centro de la olla a presión, y de la misma ejecutaron ‘Time To Say Goodbye’ (‘Hora de decir adiós’), un punkito dulzón a lo Screaching Weasel.
En español dijeron ‘hola, chicas’, fugazmente cantaron en castellano una tonadilla reminiscente de Jonathan Richman, observaron en mexicano “muchas chicas guapas aquí esta noche”, y cantaron en serio la balada creciente ‘I Can Wait Forever’ (‘Puedo esperar eternamente’). En los oe-oe-oe de la siguiente provocaron al público asegurando que los de Barcelona habían gritado más, y atacaron el pop ‘Welcome To My World’ (‘Bienvenido a mi mundo’), con todo el local coreándolo entero (y algunos desafinando como gallinas). Luego se dispararon en el punk vía NoFX ‘I’d Do Anything’ (‘Haría cualquier cosa’... por ti), y los violines de la intro de ‘What if’ (‘Y qué pasa si...’) al final explotaron en plan Linkin Park.
Había pasado una hora y llegó el primer bis, no muy solicitado pues se suponía que caería. Sorpresivamente, el cantante Pierre reapareció entre la gente, al fondo del local, sobre la mesa de sonido, sudado ya que no se había cambiado de camisa y sin miedo al público cercano que se hartaba de echarle fotos (en 2005 le pegaron un botellazo que le llevó al hospital, ¿lo sabían?), protagonizó la melosa ‘Untitled’ (‘Sin título’, así se llama el tema, ¿eh?) y regresó al tablado para atacar el punk a lo Toy Dolls sin dientes ‘God Must Hate Me’ (‘Dios debe odiarme’) mientras un técnico ondeaba una ikurriña con el escudo del Athletic. Y para rematar hubo otro bis, la balada creciente hasta el power pop ‘Perfect’ (“Lo siento, no soy perfecto”), ya ven qué victimista. Y hala, todos para casa antes de las 11.
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