Genial, sorprendente, exacto, avanzado y renovador fue el concierto del jueves (la gran incógnita, ¿recuerdan?) del Avishai Cohen Trio en el 32 Getxo Jazz. El respetuoso y atento silencio que se vivía en la carpa de la plaza Biotz Alai era comparable al de la plaza de La Maestranza de Sevilla. Acababan las piezas, o un solo, y en un instante, en un nanosegundo, el público estallaba en júbilo y reconocimiento, consciente de escuchar algo singular y orgulloso de poder comunicárselo a los artistas.
Porque arte fue lo que se expuso en el Getxo Jazz. El batería yanqui Mark Guiliana (27 añitos) aportó baqueteos muy brasileiros, el contrabajista de Jerusalén Cohen (38 años, uno de los bajistas más influyentes del siglo XX según la revista especializada Bass Player) recuperó melodías medievales y miró más adelante en espirales minimales que además del jazz pisan otros géneros a veces poco etiquetables, y el pianista Shai Maestro (21 prometedoras primaveras; se apellida Maestro, ¿será sefardita?) se lució: se arrancó lírico como el Michael Nyman de ‘El piano’, con el devenir del concierto dejó entrever numerosas vetas de música culta española vía Falla o Albéniz, y luego, cuando le hincó el diente a los tropicalismos, lo hizo con el magisterio excepcional de Michel Camilo.
Una hora y 27 minutos duró su inesperada intervención, con diez piezas y dos bises. Los tres oficiantes salieron serios a las 22.46 horas y llenaron la carpa con arco de bajo, piano minimal y ritmos brasileiros new age que ni Nando Lauria (‘Structure In Emotion’). Acabó el tema y la ovación fue abrumadora. En la segunda pieza (‘Elli’), la música española del piano de Maestro emanó y se encauzó a través de un trío punzante, supuestamente de perfil plano, pero con la exactitud de un reloj suizo. Terminó y a las palmas y los rugidos se les sumaron los silbidos de los aficionados superados por la experiencia.
Pianista prodigioso
Avishai se presentó, informó de que había estado varias veces en España pero nunca ahí en Getxo, preguntó si podía volver el año próximo y la gente le aclamó. De seguido insufló a Coltrane en lo minimal (‘Chutzpan’) mientras él al contrabajo se enredaba en melodías medievales que a la postre creaban un jazz de vanguardia que dejaba silente al respetable. Algunos han escrito que Avishai Cohen está redefiniendo el jazz, y razón no les falta. En ‘Variations In G Minor’ se percibieron más rastros del folclore israelí y el gran momento de la cita se vivió en la sexta pieza, ‘The Ever Evolving Etude’, que de lo minimal quebrado mutó en el rollo latino de Camilo, de un modo tan intelectual y estilizado que, como dijo el martes Iñaki Salvador, los vizcaínos ilustrados y cultos podrían asimilar con más sentimiento. Y en esta composición, con solo de batería seco que no retumbante, ya lo tuvimos claro: ¡el líder sónico del trío es el pianista prodigioso!
La séptima, ‘Remembering’, lírica a lo Nyman, también fue fagocitada con absoluto respeto y silencio por el aforo mediado, y las tres últimas piezas se hallaron a un nivel inferior, aunque hay quien nos confesó que le parecieron lo superior. La última del set fue minimal y circular, demasiado divagante y con un solo de batería estridente (‘Emotional Storm’, y ya saben que storm es tromenta); el primer bis fue un tema klezmer aprendido de su madre y cantado por Cohen en yiddish melancólico; y en el segundo bis el público, que exigió la propina con decisión sionista, se puso en pie para bailar y corear ‘Shalom, shalom’ (paz, paz), un tema aprendido por Cohen de su abuelo. Y así, a las 12.13 horas, algunos marchamos formales a casa... y otras a la jam session del irlandés. Vaya pedazo de festival, oigan.