Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Ocio

MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo

Durante tres horas, un Boss descansado y pletórico enardeció el estadio de Anoeta (15 de julio de 2008)
16.07.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Empecemos por los hándicaps por todos conocidos: el rock de estadio se produce en condiciones desfavorables al disfrute racional de la música (incluso del rock). Lavisión en la mayoría de los casos es lejana y el sonido resulta para todos denostable, empastado y sin diferencias, más aun en la E. Street Band, que usa cuatro guitarras y dos teclados al unísono, con lo cual se apelmaza el repertorio, el asunto y la cita (el martes sólo se discernían los punetos de Lofgren y poco más).
Ya tratadas estas pegas alegadas por algunos, hemos de sentenciar que Bruce Springsteen estuvo pletórico de voz, actitud, comunicación, presencia escénica y forma física a lo largo de tres horas y dos minutos más los saludos postreros del macroconcierto. Cayeron 28 temas y dos bises, y el rock y la magia se impusieron en una velada en la que el escenario, sobrio aunque de dimensiones ciclópeas, pudo llegar a sugerir proporciones liliputienses. Pero no, merecieron la pena las tres horas con un par de estirados marasmos baladistas usados para dosificar las fuerzas arriba y debajo del escenario.
Las pantallas del fondo sólo se usaron en cuatro temas (dos cielos, unas barracas, y la letra del karaoke final de la fiesta celta) y el logro del concierto fue la cercanía alcanzada por Springsteen cuando descendía a saltos a ras del público (las primeras filas estaban acotadas con espectadores con pulseras que se supone eran de confianza) para cantar y dejarse saludar y acariciar por las manos de los fans, que se abrazaban a sus piernas, le servían de respaldo cuando se sentaba en el suelo y le entregaban pancartitas con títulos de canciones. Una fórmula perfecta para que la sensación del artista protagonista fuese doble: le alcanzaba la adrenalina del estadio con 40.000 almas y él actuaba como si se hallara en una sala para dos mil personas.
15 minutos de demora
La cita comenzó con 15 minutos de demora, a las 22.15 horas, quizá para que oscureciera más y la atmósfera se recogiera. Tras el saludo ‘gabon, Donosti, ¿qué tal estás?’, se arrancó a trancas y barrancas con un plano y AOR ‘Tunnel Of Love’, con su esposa Patti Scialfa arrimándose a su vera y los flashes de las fotos relampaguendo en las gradas y las pantallas de los móviles brillando como una plaga de luciérnagas sobre la cancha. Al segundo tema, un disparado y coral ‘Radio Nowhere’, el encuentro despegó y el Boss mostró la fuerza, pasión, efusividad y cercanía que se le supone.
‘No Surrender’ llegó un poco difuminado y en los ‘lalalás’ corales se arrimó Steve Van Zandt a chupar cámara. El martes, sus músicos obtuvieron menos protagonismo que en su debut vasco de noviembre en el BEC, donde Bruce cantó un poco con menos chorro. En la cuarta canción, ‘Out In The Street’, épica, callejera y proleta, Bruce bajó con el micro y se dio el primer baño de masas y se vio en las primeras filas una camiseta del Athletic con el número 10. En la quinta se encendió el cielo en la pantalla de fondo y se vivió el primer culmen con ‘The Promised Land’, patriótica amalgama de tradición y expresión.
Bruce ya estaba empapado de sudor, la gente coreó sola ‘Hungry Heart’ y se remató el primer demarraje con el R&R de Eddie Cochran ‘Summertime Blues’. A la octava llegaron los lentos de recuperación del resuello, de ordenación de las emociones y de la serenidad mental. Springsteen preguntó en castellano ‘¿cómo estáis?’, ‘¡¡¡BIEN!!! bramó el aforo, y seguidamente se tributó a Danny Federici, el difunto teclista, en la antigua ‘4th Of July, Asbury Park (Sandy)’.
Más fiesta
Se encadenaron más lentos melancólicos como ‘Growin’ Up’ y ‘Atlantic City’, y tras un ‘Prove It All Night’ a medio gas la fiesta se desmelenó otra vez en el campero ‘Darlington County’, con el Boss bajando y arrodillándose ante sus fans. En ‘Because The Night’ Nils Lofgren se marcó un solo estupendo y al final se puso a girar como una peonza, y otro culmen fue ‘She’s The One’, soul rocoso sobre Diddley beat. En ‘Livin’ In The Future’ El Jefe nos retó con un ‘¿cómo estáis?, ¡no os oigo!’, y leyó del suelo el único eslogan de la propaganda política que cada vez le preocupa más al hablar de los “recortes de los derechos civiles, así que tenemos que luchar”. ¡Y en el siguiente baño de masas se vio entre las primeras filas a una niña!
En castellano, el de Nueva Jersey preguntó ‘¿estáis preparados?’, abrazó a Patti por la espalda, la besó en la mejilla, y Bentonó como un soulman negro ‘a veces me siento tan solo y triste...’, prólogo de ‘Mary’s Place’, la canción en la que la estrella subió al tablado a una chica morena, pero no a bailar. Al final del tema, el físicamente en forma Springsteen se puso a esprintar por el borde del escenario y acabó deslizándose sobre sus rodillas hasta frenarse frente a una cámara que le retrató en primer plano. Espectacular, sí. El rock de estadio convertido en proximidad.
Y luego, tras la tunda soul, se dispensó la segunda tanda de lentos, como ‘Tougher Than The Rest’, con Bruce y Patti compartiendo cada uno una pantalla gigante. Otro hito fue ‘Incident On 57th Street’, cuando las indiscretas cámaras captaron a Bruce sonándose los mocos como un futbolista en la cancha. Y, tras un sube y baja emocional, se cerró por todo lo alto con el poderío de ‘Badlands’,
Los bises, dos enlazados, se vivieron con total intensidad y el estadio entero puesto en pie. ‘Thunder Road’ cayó con voz muy nasal, ‘Born To Run’ con las luces dadas y la peña con brazos en alto, ‘Bobby Jean’ emocionante, ‘Dancing In The Dark’ cumplidora y ‘American Land’ en plan karaoke irlandés onda Pogues. En ésta el Boss presentó a la E Street Band, que bajó con él a ras de los fans, y de bis sobre el bis se montó el gran fiestón con ‘Twist And Shout’ (que suena a ‘La Bamba’, ya saben) estirando el clímax. Bruce Springsteen se despidió gritando ‘os queremos’ y la gente coreando ‘oe-oe’. Fue una comunión en un estadio, un templo actual, una catedral deportiva de estas modernas. Y se ve que al predicador Springsteen le sentaron estupendamente los días previos de descanso en San Sebastián, con tantos baños de vapor en la sauna.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Eventos   Bares   Restaurantes  

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

HOY:13.2 / 22.6chubascos
Dom. 07:12.6 / 25.4sol
LOC
Vocento
SarenetRSS