Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Ocio

MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo

Alto jazz vasco de sabor marino (8 de julio de 2008)
09.07.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La segunda jornada estelar del 32 Getxo Jazz la ofició con garantías el Iñaki Salvador Noneto dirigido por el pianista que lo nomina y que, requerido por el 40º Festival de Jazz de San Sebastián, escogió hasta completar la alineación a músicos reputados del circuito vasco, desde el siempre risueño y seguramente bella persona el baterista Hasier Holeaga hasta la aparentemente engreída vocalista Itxaso González (qué manía con mascar chicle mientras canta, qué poco... elegante) hasta el fornidamente chuleta saxofonista Víctor de Diego (para describirlos hemos jugado a la caricatura, ¿eh?).
A bastantes de los componentes del proyecto los hemos visto actuando en solitario como líderes, y a varios también compartiendo experiencias en formaciones similares (no las queremos tildar de endogámicas), como la Pirineos Jazz Orchestra. En este noneto lo local medra hasta lo global, pues la calidad de su repertorio puede competir con cualquier formación internacional de fuste y Salvador ejerció cual pianista magistral (no en vano, es mano derecha de Mikel Laboa) y como un divulgador del jazz que gastaba en sus presentaciones un sentido del humor particular, tanto que advirtió que sus útiles parlamentos introductorios parecían reproches, pero que no lo eran.
La única pega del noneto vasco se la colgaríamos a su atuendo, de entresemana, de gris y oscuro. Fatal-fatal, oigan. Ahí sólo irradiaban color Salvador (que se refirió presumido a su sencilla ropa; fijo que miró a sus músicos y dijo: oh, Dios mío) y el alegre Oleaga. Y así, lastrada por la deficiente calidad estética, la miniorquesta tocó entero, pero no en el mismo orden como aseguró el lider, su único disco, titulado ‘Faro’ (Errabal, 06), y de regalo ofreció un bis con el ‘God Bless The Child’, el clásico de Billie Holiday. Todo en una hora y 33 minutos.
Precio de desaceleración
El álbum, ‘Faro’, que se vendía en la entrada “a precio de desaceleración”, enfrasca un repertorio muy marino. Sube y baja como la marea acompañado por los tarareos de Itxaso (uh, se llama Mar), la conjunción orgánica y salina de la mini big band impone la calma en el horizonte, el sabor clásico espumea y saltan algunos momentos borrascosos ante los arrecifes, como esa pieza que Salvador compuso para una creación gastronómica de un gran chef (“un plato que no resultó indigesto”, avisó el autor... musical).
Estos nueve amigos que tocan música (y viceversa: músicos que son amigos) reprodujeron el jazz setentero de conjunto, Salvador reconoció un pasaje como tributo a Pat Metheny (‘Pathology’), hubo algún solo suyo transversal vía E.S.T. y tambien un punteo flotante como el parqué del guitarrista Javier Juanco (todos los solos en general fueron notables) más un par de canciones en euskera que funcionan de peaje para recibir apoyos institucionales. En este caso, fueron sendas versiones del cantautor estático Jabier Muguruza que se repiten en el disco del Noneto y en el de la cantante Itxaso González: 'Benino edo Benito’, entonada con demasiado ímpetu por ella, que contrastaba con la calidez de la banda, y ‘Haurrak haunditzen doaz’, dedicada al atacado Club Marítimo getxotarra y dotada de aires de jazz de cámara.
Superada la solemnidad, Salvador recuperó la causticidad y, cuando algunos espectadores se largaban (quizá iban al último transporte público, ¿eh?), reflexionó: “A mí me parece que el jazz es un poco pesado. En verano se sale y se come un bocata... (ya, como en el festival vitoriano). Joder, sí, ¿porque dónde estáis el resto del año? Hay unos clubes por ahí...”. Tras el discurso recriminatorio (no le faltaba razón), el noneto ejecutó ‘Branka 2’, esa pieza gasronómica con aromas de Pascal Gaigne, y para el final dejó ‘Cantico’, pieza dinámica, hasta con trazos tropicales, con Salvador diciendo en la intro ‘sois cultos en Vizcaya, estáis ilustrados” (sí, unos más que otros). Y para el bis, como guinda de un pastel de jazz autóctono que no se hizo nada indigesto, sonó ‘Dios bendiga al niño’ y se dedicó al único hijo de los miembros del noneto que en ese momento estaba bajo la carpa y que... ya se había dormido.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Eventos   Bares   Restaurantes  

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

HOY:14.3 / 22.6nuboso
Vie. 10:12.7 / 24.9sol
LOC
Vocento
SarenetRSS