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Ocio

MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo
Finde variado e intenso
Flamenco con Morente en Gernika y jota salsera con Carmen París y soul energético con The BellRays en Bilbao (13 y 14 de junio)
16.06.08 -

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The BellRays: Más duro que dulce (sábado 14 de junio)
Ambientazo de sábado noche humeante y con mucha humedad atmosférica alcohólica en el Kafe Antzokia, donde descargaron su alta energía con garganta soul los BellRays californianos, liderados por su vocalista negra, Lisa Kekaula: botas rojas de fieltro, pelo afro al cielo como la novia de Frankenstein y vestidito-camisón negro adherido a sus pechitos y a su generoso vientre, con lo cual remitía a una primitiva estatua de diosa de la fertilidad (ahí estaba, riéndose más campechana que la jotera Carmen París, Amaia, la Reina de la Movida, y si ella luce tal modelito devendría instantáneamente en tótem sexual, ñam-ñam).
Muchas chicas había en el repleto Antzokia, pues a las hembras les pone el soul: Eunate, Eva, Julia, Iratxe la del cabello hermoso, frondoso y fragante, dos amigas ondarresas que nos presentó Amaia y a las que no recuerdo porque yo sólo tengo ojos para La Reina, unas chavalas que bajaron de Reinosa y reconocieron a su paisano Pato y se echaron unas fotos con él... Y a los tíos les excita el rock duro, con lo cual ya tenemos completada la fórmula de los BellRays: Tina Turner + MC5. ¡Bum!
Explosivos desde el inicio, los BellRays rockearon como hippies urbanitas, se refrenaron con almíbar soul y baladas blues para recuperar resuello, y al final se dispararon de nuevo, con la peña enloquecida, las pibas bailando desatadas como si estuvieran en Woodstock y todos (y todas, ¡ja!) coreando el título de su CD: ‘Duro, dulce y empalmado’. En la versión digital sí nos atrevemos a traducirlo, je, je...
Carmen París: Una miembra de pantalón largo (viernes 13 de junio)
Un punto de locura, un torrente de simpática campechanería y un océano de sensualidad a pie de prao anidan en el corazón de Carmen París, la cantante zaragozana que ha dotado de postmodernismo a la jota maña. Una suerte de Martirio sin hieratismo es la perrofláutica París, una miembra de pantalón largo que vistió tres modelitos suntuosos en el Kafe Antzokia, donde montó su cabaré La Perla y procedió a absorber los sones cubanos de su disco ‘In-Cubando’ como si fuese Juan Perro en femenino.
Disfrazada como Carmen Miranda en el económico catálogo de Troma y moviendo sus brazos como la diosa Shiva, la París abrió con un bolero canalla con olor a garito fadista, siguió con una adaptación a lo Ry Cooder de lo cabaretero y cubano (‘Guaraní’), y a la tercera se tumbó en el sofá como si fuese Tom Waits. Tras un número de la banda a solas regresó la diva con nuestro modelito favorito, escotado y como sin nada debajo, y se despendoló con cubanismos vía Juan Perro/Víctor Coyote (‘In-cubando’), adoptó un poema que José Martí escribió cuando estudió en Zaragoza (‘Para Aragón’, una jota sonera, o al revés), se puso internacionalmente étnica como Peter Gabriel (‘Agua que ha de correr’, una clave del bembé), contó el chiste del baturro al que se le frena la burra sobre las vías y viene el tren (‘Chufla, Dragón’, un son santiaguero) y marchó dejando otra vez a su banda: seis chicos trajeados (tres bilbaínos, un vallecano, un maño y un uruguayo) más una corista brasileña.
Desde la tercera parte hasta los dos bises usó el mismo traje de pantalón con millones de flecos, e hizo rock onda Santana (‘Cositas In-solitas’), ironizó contra la tiranía de la estética sobre las mujeres rapeando polisilábica (‘De muy buen ver’), se arrimó a su jota primigenia (‘Cabecita de alfiler’) y al candombe sudamericano (‘Cuerpo triste’), y se despidió con unas ‘jotas guarras’ que ella, que presume de ‘elegante, fina y con estudios’, suavizó. En el primer bis, Carmen París sola al piano rozó el jazz en ‘En mi pecho’ y también invitó a Kepa Junkera (aquí Pato por fin se quitó una espina: lleva siete años viviendo en Bilbao y esa era la primera vez que veía al trikitilari). En el segundo bis, la París se despidió con el rock cubano ‘Brindis’, dejándonos con una amplia sonrisa y un estupendo regusto.
Enrique Morente: Poco centrado (sábado 14 de junio)
Morente (Granada, 1942), el número uno del flamenco, no hizo caso del momento histórico cuando estrenó su nuevo álbum, ‘Pablo de Málaga’ (Discos Probéticos), en el Jai Alai de Gernika. Se trata de un cancionero de poemas sin rimas del pintor Pablo Picasso, con otros textos insertos que sólo ha divulgado oficialmente el miércoles en el Mueso Reina Sofía de Madrid, y el sábado en Gernika, donde el artista se sintió más suelto y cantó más a gusto y durante más tiempo que en la capital. Con todo, se antojó un encuentro que no incidió en la debida historicidad, pues Morente sólo cantó tres temas de su novedad, uno de ellos repetido para abrir y cerrar. Además, se echaron de menos efectos de sonido que reprodujeran la voz de Picasso (en el CD se le oye diciendo que cuando uno va al extranjero se siente cada vez más español) y se obviaron directamente canciones con músicas no muy aflamencadas, caso de ‘Tientos griegos (llamadas anónimas)’ o la filotanguera ‘Soneto X’.
Morente, siempre ausente, siempre al albur de su propia inspiración y capricho, salió a escena con veinte minutos de demora cuando batiendo palmas ya lo había requerido el respetable. Con sus escuderos rodéandole, en pie y vestidos todos con chaquetas como figurantes de Los Soprano, a palo seco entonaron unos cantes para calentar y luego se sentaron sobre el escenario: a la izquierda, cinco palmeros (entre ellos su hijo, José Enrique Morente, alias Quique), al fondo el percusionista, a la derecha los dos tocaores, en en centro, ante los tambores, Morente, sentado, humilde pero dominador de los terrenos, marcando el martinete sobre una tabla.
Se arrancaron con ‘Guern-Irak’, con sus reverberaciones y tumultos, oliéndose el miedo de la gente y con dos bailaores retándose con fisicidad muscular. Taconéos, lamentos y la solemnidad de la saeta posmoderna dieron paso al segundo tema espigado del álbum, ‘Montes de Málaga’, más desnudo, con guitarra y voz, rompiendo la tensión. A partir de ahí, Morente cantó lo que le apetecía, una vez casi de broma y ripioso: “Europa se arranca las tetas / y América es un cocodrilo que no necesita carretas”, verso por el que le dicen surrealista.
Morente prosiguió ofreciendo un concierto más normal, con palos más alegres y en los que se pierde por la serranía, y el tercer tema recuperado del CD fue el ‘Autorretrato’ de Picasso, sin su voz enlatada preconizando su españolidad. Continuó disperso, y definió cantando que “el cante en decir las penas que se tienen escondoías”, acompañado por el dramatismo en los bailadores y por simulaciones de bombas picando.
Morente, que se dejó en el tintero piezas del disco como ‘Pan tostao’ o ‘Borrachuelo con aguardiente’, presentó a la banda y al final repitió ‘Guern-Irak’, esta vez con efectos de sonido y en una mejor versión, con él más caliente. Al acabar la hora y 35 minutos, salieron las autoridades y le agasajaron con un ‘pin’ conmemorativo y él declaró que con este disco quiso “rendir homenaje a los que sufren, a una persona que donde desayuna recibe un bombardeo de gentes que están en un despacho”.
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