Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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No deseamos fingir beatitud (de hecho, pecamos racional y sistemáticamente por una razón que quizá les contemos un día), pero es que ya nos rebelamos ante el nada subliminal proceso de desvirtuación, arrebatamiento y eliminación que está sufriendo la Navidad (¡en singular!), una de nuestras señas de identidad, por parte de las autoridades, desde las municipales a las estatales, que han olvidado que se hallan a nuestro servicio y creen que somos súbditos. Tal agravio lo sufren la Navidad y las demás tradiciones milenarias católicas, claro. Por ejemplo y aunque el fútbol nos la sude (¡Pato ni tiene equipo favorito!), nos da igual que las camisetas ‘oficiales’ que vende el Barcelona en Arabia Saudí borren la cruz de San Jordi del escudo, pero certifica que casi todas las élites que padecemos no se mueven por ideología.
Aparte, nos hace reír que un munícipe de IU llame ‘solsticio de invierno’ a la Navidad (y ‘campamentos de verano’ a los gulags, ¿verdad?), pero no nos hace gracia que ZP no ponga Belén en la Moncloa y hasta nos soliviantan las luces azules de la Gran Vía bilbaína, a las que no vemos ningún significado, ni alegórico (para eso que las apaguen o que luego no nos den la chapa con el cambio climático que ha multiplicado por 50 la fortuna de su apostol Al Gore, el que gasta en casa 20 veces más electricidad que una familia yanqui: 24.600 E en 2006, más de cuatro millones de pesetas).
Villancicos
Lo expuesto es un motivo extra para no faltar al festival de gospel (la música religiosa afroamericana) del Teatro Barakaldo que, por cierto, antes lucía la coletilla de navideño. La segunda de las tres jornadas la protagonizó el domingo la vocalista Marlena Smalls con su Hallellujah Gospel Choir y, al margen de celebraciones atemporales que elevaron osanas pues el niño Dios ha nacido para salvarnos, cayeron cuatro villancicos explícitos: uno tipo ópera-pop, ‘Noche de paz’ conducido al blues, ‘Jingle Bells’ con el swing de Michael Bublé, y el cuarto en el segundo bis.
El programa rezumó clase melómana y elegancia estética (trajes, vestidos étnicos y pulcritud universitaria a lo Bill Cosby), huyó de la demagogia (no requirieron coros, las palmas brotaron solas), se nutrió de duduá afrocaribeño tomado por Paul Simon en el LP ‘Graceland’, emocionó en el espiritual ‘Mary Had A Baby’ (un quinto villancico, ovacionadísimo), no abusó de lo famoso (‘Go Tell It On The Mountain’), en el primer bis coló un blues suntuoso para el maravilloso Niño Jesús, y Marlena lo despidió con gritos de ¡Feliz Navidad! ¡Eso!