Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
Y si has estado en el concierto puedes dejarnos también tus comentarios
Con semanas de antelación se vendieron las entradas para la gira de los californianos Queens Of The Stone Age por Madrid, Barcelona y Barakaldo. Aquí, en el Rock Star Live del Megapark entraron unas 2.400 personas, con mucho veinteañero y bastantes chicas que convirtieron la discoteca en una olla a presión donde era difícil respirar y alguno de delante fue evacuado con bajón de tensión. “Vaya cámara de gas”, comentó un tipo (exagerado quizá por la falta de costumbre) a un colega al acabar.
El rock de QOTSA posee una fisicidad palpable (y moldeable), aunque su intención de ir más adelante de manera meditada lo convierte en alimento para un espíritu que puede alterar sin necesidad de inhalar los porros ligados al stoner rock (rock fumeta), subgénero que ellos esculpieron con una inconsciencia que ha devenido magisterio mundial. El palo de QOTSA, de raigambre clasicista, se basa en los riffs arados por dos guitarras con vocación de prospección mental y por una sección rítmica que aguanta la mecha que haga falta mientras el baterista se convierte en el gran druida de la tribu de un rock que hoy vive un esplendor global.
Al 70 %
Su conductor, el guitarrista y cantante Josh Homme, arrastraba una laringitis que según él limitaba al 70 % su capacidad vocal. En Barakaldo eso no fue un lastre perceptible aunque el repertorio arrancó arrebatador, menguó durante el extenso corpus central, y en el epílogo lanzó dentelladas esporádicas. Tal inicio aspiró al respetable como un maelstrom. Los coros aullaban, el tempo se marcaba vía Hellacopters, la indagación sónica se entrelazaba con Kyuss y cierta finura remitía a unos Eagles Of Death Metal sin espacio para las bromas. Luego el hard rock retro del que emergen los QOTSA cedió paso a bravucones empellones tan punks tipo Ramones adultos y los tambores lisérgicos (hey, lo mejor de la noche lo aportó el baterista, Joey Castillo) invocaron a los Status Quo.
Y sin que se produjera un cambio notable el paisaje varió. El listado se ralentizó, la lisergia grave engordó, hubo un par de temas a lo Marilyn Manson (orgánicos pero igualmente marciales) y hasta cayeron una curiosidad latina y una pieza, si no comercial, sí convencional a lo REM. Nosotros, calculando que la cita se aproximaba a la hora y media que nos informaron duraría (a la postre fue algo más), barruntamos la apoteosis, pero no llegó aunque lo apuntaran jams que resonaban a Canned Heat y ciertos vórtices guitarreros que desembocaron en volutas psicodélicas a lo Kula Shaker. Y el bis, igualmente irregular, quedó mejor en los rocks descarados y vocativos que en el rollo Stone Temple Pilots.