Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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El sábado el supergrupo Asia atrajo a no tantos fans como se esperaban a la Santana 27 durante su gira de 25º aniversario, que reunió a la alinación original: el bajista y cantante con pinta hostelera John Wetton (no en vano, es ex alcohólico el ex King Crimson), el guitarrista flacucho con aire de profesor chiflado Steve Howe (de Yes, también reunidos y en mejor forma), el baterista hooligan Carl Palmer, que se arreglaba en castellano (ex EL&P) y el teclista con estética de ligón veterano en pantalones chocarreros Geoff Downes (Buggles, Yes), cuatro superinstrumentistas que en Asia se frenan en las ansias solistas y autolimitan sus talentos en aras de un cancionero AOR que persigue la comercialidad y que por ello tantas críticas negativas ha cosechado.
Casi dos horas de concierto ofreció el supercuarteto ante unos 500 aficionados veteranos que llevaban jersey por los hombros o camisetas de Supertramp, Journey, Rush o Pink Floyd. Asia advirtieron que estaba prohibido fumar (algunos se saltaron la norma para ostensible enfado de Wetton, recién operado de corazón), se adornaron con dos pantallas laterales que inferimos no cabían en el fondo, y cumplieron un repertorio al que amputaríamos los tres cortes solistas del principio, con intervenciones del teclas, Howe a la acústica en plan madrigal y Wetton en plan Musiketan. Por el contrario, lo más celebrado fueron los éxitos de los grupos madre: ‘Roundabout’ de Yes con Howe colando algún buen punteo, el instrumental de Emerson, Lake & Palmer ‘Fanfare For The Common Man’ (el pináculo del encuentro), ‘In The Court Of The Crimson King’ de King Crimson, y, agárrense, el ‘Video Killed The Radio Star’ de los Buggles (lo más divertido, aunque un tipo a nuestra zurda le comentó a un amigo ‘¡qué vergüenza!’).
El resto fue AOR de manual, rock radiofónico ochentero emparentable con Toto, no demasiada entrega de los oficiantes (quizá desilusionados ante el poco aforo), la voz de Wetton más ronca y justita, un entretenido solo de batería de seis minutos a cargo delanimal Palmer, repertorio esencial de su primer y millonario LP, y hits propios tipo ‘Without You’, ‘Wildest Dreams’ o ‘Heat Of The Moment’, la última antes del bis, con ‘Sole Survivor’ únicamente. Hum... Los fans salieron encantados: Pato revivió feliz su pasado oscuro y Topo pidió que los pusiéramos bien, que había estado de p.m. aunque no nos gustaran (¿percibiría el vacio existencial?).
Excitación perpetua
Esto del rock (con roll) nos va a matar. Decía el empático Pato el sábado, trasegando cerveza de trigo en un bar alemán, que no lo pasamos mal. Y el que suscribe, no tan optimista, replicó repitiendo una vez más: “pues yo ya estoy aburrido de pasármelo bien”. Es lo malo de la utilidad decreciente de los placeres y las cosas, oigan. Te crees de vuelta de todo pero... de repente salta la liebre y notas que vives una etapa de excitación perpetua. Como lo parece el rock abrasivo y energético de los australes New Christs, que reunieron a medio millar de fans en el Kafe Antzokia.
La tarde arrancó regular (estuvimos en el Azkena viendo a Hotel Persona, el grupo español del bajista de Placebo, pero nos envainamos la opinión para no ser negativos), aunque nada más entrar en el Antzoki las tornas cambiaron. Amaia, la Reina de la Movida, guapísima con su camisa blanca de lunaritos negros, había preguntado por nosotros, nos localizó pronto, nos besó haciéndonos sentir carismáticos, Pato dijo miau, y avanzamos juntos para ver en vanguardia a los antipódicos feroces.
Armados con dos guitarras, exhibiéndose su histórico y legendario vocal Rob Younger (de Radio Birdman) en plan un hechizado Iggy Pop, contentos por la calidad de la sala y la cantidad de respetable, los New Christs se salieron recrecidos y concentrados en una hora y tres minutos que se nos antojó escasa (la víspera habían cumplido dos horas incendiarias en Burgos). Y es que los cinco de Sidney generaron energía superior a Radio Birdman, se dispararon en rocks raudos en plan NCC que ya les gustaría igualar a Thunder Express, encendieron la melancolía épica de las llamas eternas que amargan a Younger (‘The Burning Of Rome’, el único corte que recuperaron de su obra maestra, ‘Distemper’ (89), que yo pinchaba en mi cuarto cuando la reina aún era una princesita preadolescente; cómo corre el tiempo...), y jalonaron su efectiva intervención con versiones bien traídas, insertadas y ejecutadas (reconocimos ‘She Comes In Colors’ de Love, ‘The Seeker’ de los Who y la última del bolo, ‘I Need You’ de los Kinks; en el camerino Younger añadió a la lista ‘Life Of Crime’ de los Weirdos), momentos cumbre de un encuentro con el gran rock que nos dejó a todos se ignora si ya satisfechos o aún excitados. Pero qué bien lo pasamos...