Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
Y si has estado en el concierto puedes dejarnos también tus comentarios
Se nos avecina tal avalancha de conciertos que ya no sabemos si nos hallamos en los estertores de la crisis mundial o en el prólogo de la extinción de la movida regional. Y es que en pura lógica no debería de haber público para tan desaforada oferta. Por ejemplo, el jueves la iniciativa privada había programado cinco bolos guiris en Bilbao: Harry Allen en el Bilbaina Jazz Club, la blueswoman negra Deborah Coleman en el Kafe Antzokia, los vikingos metálicos Ensiferum en Santana 27, Paul Collins y sus Power Pop Kings en El Balcón de La Lola, y el guitarrista rocanrolero Nick Curran en la sala Azkena.
Por éste nos decantamos, pues Curran atesora fama, gasta pinta cool de zombi punkabilly y tatuado, exprime a su instrumento gotas de protorocanrol negro años 40-50, canta con furor y operó escudado por un conjuntado combo español que no perdió comba: el vampírico contrabajista Ivan Kovacevic (The Nu Niles), el baterista saltarín Blas Picón (The Lazy Jumpers) y, tachán-tachán, el saxofonista pelirrojo Dani Nel.Lo (ex Los Rebeldes, La Banda Del Zoco). Dani soplaba como si le fuera la vida en ello, como cuando hacía méritos para ingresar de adolescente en Los Rebeldes, y la función, trufada de versiones en absoluto verbeneras, funcionó como una jam session de jazzmen negros urbanitas, profesionales y añejos.
Dotado de un corazón vagabundo y amante de los palos estadounidenses de raíz (rockabilly y honky tonk por la parte blanca, swing y rhythm and blues por la negra), hoy residente en la exigente y genuina escena de Austin, Texas, y también ex hacha de los Fabulosos Thunderbirds, el culo inquieto Nick Curran hizo rocanrol de ley en el Azkena, chupando rueda de los grandes clásicos, caso del guitarrista de blues T-Bone Walker, el manufacturero de boogie woogie Louis Jordan, el desquiciado Little Richard (‘Slippin & Sliddin’) o sesgado y rudo Johhny Burnette (‘Train Kept A Rollin’), pero sonando igual de moderno que la enloquecedora Jim Jones Revue y exhibiendo una estética y versatilidad similares a las de Brian Setzer a lo largo de una cita con mucho de Nueva Orleáns y Kansas City, y algo del paludismo de la Louisiana, por ejemplo el que extrajo en un blues escuela Guitar Slim. Curran, que sólo tiene 31 años, debería dar mucho que hablar y seguro que nos vuelve a visitar.