Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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En cuesta abajo cursó la excitante tripleta rocanrolera que el viernes animó el Kafe Antzokia bilbaíno y el sábado casi se repetiría en el festival Pintalabios Attack vitoriano. Los que peor se lo montaron fueron los cabezas de cartel, los Young Fresh Fellows, y los que mejor los primeros actuantes, The Hall Monitors, de Washington D.C., tres tíos con estética beat encorbatada y una pibita llamada Kathleen que a veces cantaba a lo Tina Turner y otras llevaba el ritmo de la guitarra con una muñeca ligerísima e infecciosa, con un aire a La Duquesa, la hermanastra de Bo Diddley. Variados y lúdicos, los Monitors resultaron gamberros y grasientos al atacar el garaje en plan los Black Lips y también repasaron a Link Wray, frisaron el blues de los Yardbirds, sacudieron el rockabilly y su cantante principal hasta se arrodilló ante el soul al intentar seducir a una fémina al final. Buah, nos parecieron perfectos para disipar una resaca.
En segundo lugar operaron los pulcros y canónicos Deadstring Brothers, los únicos del lote que no visitarían Álava, tres yanquis de Detroit y dos londinenses con barbitas, pelo largo y estética a lo The Soundtrack Of Our Lives más sudistas, pues sudista, optimista y naturalista ruló su palo: asaeteado por las slides de un juvenil guitarrista gafapasta que entroncaba con The North Mississippi Allstars, emparentado en exuberancia con los Allman Brothers, a veces rudo en los riffs como los Lynyrd Skynyrd, y en una ocasión abrevado en el Delta del boogie acústico.
Y cerraron la tripleta los Young Fresh Fellows, una leyenda menor salida de Seattle y capitaneada por Scott McCaughey, mercenario de REM, ahí es nada, aparte de líder también de The Minus 5. Arrancaron fogosos y saltarines, y algunos pensamos cuándo se les agotarían las pilas. El inicio moló mazo y su rollo mamaba de los mejores Beatles, se redondeaba en canciones cuidadas como las de sus paisanos The Posies y The Model Rockets (en Seattle no sólo había grunge en los 90), y aparecía alguna veta de raíz vía Beat Farmers. El pico emocional se alcanzó con la versión de ‘Have Love Will Travel’ de los Sonics / Richard Berry, y ahí llegó el catacroc. Las patochadas del guitarrista Kurt Bloch (The Fastbacks) y del baterista se repitieron y la cosa acabó en un ensayo con público, como sentenció no sé quién. Más humoristas que iconoclastas, los YFF nos hicieron reír en la improvisación que el barbado McCaughey hizo con la palabra pacharán (era lo que bebía el muy montañés) pero alargaron el bolo en demasía hasta llegar a un bis que casi no regalan y en el que cayeron versiones de NRBQ y, para rematar, dos que nos despertaron: ‘A veces los buenos chicos no visten de blanco’, de los Standells, y el ‘Estricnina’ de los Sonics.