Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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El jueves nos dio tiempo a ver el largo bis de Txuma Murugarren en el Kafe Antzokia y moló tanto que animó hasta al últimamente apático Pato (hay que buscarle una novia, dice la churri). Nosotros fichamos en el Antzoki para calibrar a Petti, autor de ‘On’ (Gaztelupeko Hotsak), el mejor disco en euskera del año pasado, y se cumplieron nuestras expectativas: ahí se derramó emoción, electricidad y rock de raíz yanqui.
En cuarteto, con un Joseba Irazoki como escudero de lujo que se lució cada vez que punteó, el moreno orondo y tatuado Petti se entregó a fondo y mirando al cielo casi todo el rato condujo una sesión de rock (con roll) hirviente y sentida en la que expectoró versos lacerantes de autoafirmación y poca esperanza.
El Petti de perfil ancho se arrancó abordando a la brava su repertorio y al instante logró la plausible proeza de convencer a la concurrencia. Al inicio gañeron las slides (‘Bakardadea ehizan’), pronto nos abrasó el espíritu arbóreo de los Screaming Trees (‘Eman eta hartu’), y seguidamente el navarro usó garganta quebrada para cruzar a Dylan con American Music Club, las guitarras se solaparon en plan Wilco, y el blues remitió a Crazy Horse o se alambicó como el de Tom Waits antes de desarrollarse vía Zappa.
Y de repente, sin descender la pasión, Petti se quedó solo en el tablado con la acústica y, mirando a un atril en vez de al techo, hizo el ‘Xalbadorren Heriotzean’ de Xabier Lete, su propio ‘Hauskorrak’ (parangonable con Anari), y se le sumó la banda para una gradación final tipo Neil Young. En el bis, dos rocanroles: ‘Galdera trinkoak’, muy sobrado, y un stoniano ‘Ene begiek’ de Ruper Ordorika, remate orgulloso de un bolo rampante y sentimental.
Clase swing
El jueves gozamos a un palmo de distancia el primer pase del Bilbaína Jazz Club, donde operó el saxofonista sueco Fredrik Carlquist liderando un cuarteto intercontinental: base rítmica americana (a la batería Joe Smith, suave y ni siquiera excesivo en sus solos) y saxo tenor y guitarra escandinavos (a las seis cuerdas el tal Johan Leijonhufvud, delicadísimo al libar el swing en la escuela tradicional de Wes Montogomery y Kenny Burrell). Los cuatro se conjuntaron con placer y se alternaron con cortesía en cinco piezas: dos originales (bonita la bossa, juguetona y con solos blues la otra) y tres standards con clase swing de Jerome Kern, superior el último, ‘Why Do I Love You?’, de parches selváticos y tempo raudo.