El miércoles El Consorcio dieron en un abarrotado Palacio Euskalduna un estupendísimo concierto de estreno de su álbum ‘Querido Juan’ (Sony-BMG), compuesto y producido por el legendario Juan Carlos Calderón. El respetable lo conformaban mujeres de tres generaciones, sus acompañantes/carabinas sobre todo maduros y una señora trajeada y oronda como una estatua de Botero, tocada con un sombrero negro con franja gris que se asomó desde un palco y destelló como la más elegante del palacete.
La cita duró 126 minutos y contuvo 32 números (un par fueron popurrís), un bis y catorce chistes (los contó la churri, pero no incluyó los al menos seis chistes visuales protagonizados por el chirene Sergio, sobrado de vis cómica, ya saben). Tampoco contabilizamos ni las constantes ovaciones (de los 2000 espectadores, muchos serían amigos personales de los oficiantes) ni la introducción instrumental del quinteto, bien arreglado y con dos teclados. A la intro no le faltó nada y auguró una buena velada. Al acabarse, brotó más música y por el lateral izquierdo aparecieron los cinco consorciados, ellos tres delante, trajeados, encorbatados, canos y con buena planta, ellas dos detrás, con castos escotes y abullonados vestidos verdes, los cinco en pleno entonando una muestra de canción melódica española (‘Fuimos lo que fuimos’).
La segunda fue una cota: el popurrí de Segio Y Estíbaliz con una country ‘Piel’ y un ‘Búscame’ más Vainica Doble. Los cinco vizcaínos cambiaban de disposición escénica en cada pieza, e Iñaki Uranga protagonizó ‘Con todos menos conmigo’, que si le hubiera añadido ronquera habría sonado a Sergio Dalma. En la cuarta, Estíbaliz dio las gracias melosas y Amaya Uranga desplegó su cinismo antes de dedicar la dramática balada ‘Palabras de amor’ a Francis, un amigo de los consorciados fallecido recientemente.
Cuatro vértices
La lírica de El Consorcio cabe dentro de cuatro vértices: el tempus fugit y las miradas melancólicas a la inocencia primeriza (“a los quince años no se sabe más”, cantaron), la sensualidad desparramada, el desamor (incluso chulesco) y el amor pleno. En los boleros demuestran lo del amor y lo más gozosose palpa en las escapadas caribeñas (la habanera ‘Cantinero de Cuba’).
Los vizcaínos además se acercaron al aparato serratiano en ‘La otra España’ (la primera que cantó el público, por cierto, con la luz iluminando el Euskalduna), y la balada con muchos velos ‘O tú o ninguno’ (conocida en la versión femenina de Luis Miguel) dio paso a otra de las cimas, la mejicana ‘Paloma negra’ (con la frase “ya no sé si maldecirte o por ti rezar”), una muestra del carácter cosmopolita de estos cinco bilbaínos que a veces parecen camperos, pero nunca aldeanos.
Prosiguieron con boleros en la garganta de Amaya (‘De un mundo raro’), pachanguita guay (‘Las muchachas’, con Sergio danzando cual guindilla), rock latino a lo Santana (‘Caminito de Cuba’), el pináculo transicional, exuberante y barroco de Mocedades ‘La llamaban loca’, y el popurrí estelar y alegre de Mocedades con ‘Eres tú’, el lloro por la infidelidad ‘Tómame o déjame’ o el ‘Amor de hombre’. Se acabó este popurrí, se encendió la luz y vimos a toda la gente en pie, echando humo de sus palmas al aplaudir rabiosa.
Seguidamente se quedaron ellos solos, con Zubiaga a la guitarra acústica, y retó Sergio: “Nos encontramos entre amigos, pero no os veo con ganas de cantar”. Y entonaron con clase cuatro temas en acústico, desde la habanera ‘Yo te diré’ hasta un homenaje casi bolerista a La Niña De La Puebla. La quinta, ‘Quién te cantará’, la empezaron solos y se unió la banda y al acabarla hubo hasta bravos.
Ya hasta el final hubo muchos hitos, tipo ‘Vencedor o vencido’, un ‘Maitetxu mía’ tan ceremonial que no cabían en sí con Sergio en posición de firmes, la rauda mejicanada ‘Agua del pozo’ (con Uranga a la voz principal, la mejor pieza de la cita) y, creánselo, ‘El chacachá del tren’ coreado en pleno en pie por la respetable, con El Consorcio haciendo coreografías ferroviarias y el público rematando la canción con el uh-uh. De traca, sí.
El bis se exigió. A capella los cinco hicieron un tema en euskera y Sergio protagonizó en latín un ‘Pange Lingua’ espectacular en su sinfonismo (que aprendan Nightwish, con perdón). En la pieza treinta apareció para saludar Juan Carlos Calderón, los consorciados repasaron ‘Tómame o déjame’ entero y, tras el rock hippie y gospel ‘Aleluya’, volvió Calderón y hasta se sumó a la interpretación de un ‘Eres tú’ entero también, canción que se presentó en 1973 a Eurovisión y que nos hizo pensar en el Chiquilicuatre y en la decadencia del pop comercial actual español. Pues eso: qué buen concierto el de El Consorcio. Deberían contratarlos para las fiestas de Bilbao. De las tres capitales vascas.