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MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo

Unos 1.500 burgueses de ambos sexos disfrutaron de los 110 minutos de rock and roll sin subterfugios ofrecidos por la sesentona musa del punk en la sala Santana 27 (21 de julio de 2008)
23.07.08 -

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Con la guardia alta acudimos el lunes al bolo de Patti Smith en la sala Santana 27, escamados por los vaticinios que anunciaban que la musa del punk neoyorquino daría una de cal y otra de arena, sabe Dios en qué proporciones. Tal cual sucedió el año pasado en el Kursaal donostiarra, donde su banda rindió en el rock pero ella, la muy budista, se rindió a la tentación de poetisa recitadora que aburría al más templado espectador y le dejaba apenas sin escapatoria.
Sin embargo, no se cumplieron los peores augurios durante su debut en Bilbao, la última fecha de su gira española, como ella se encargó de recalcar, dato que sirvió para excusar su castigada garganta y para celebrar un concierto de rock con todas las de la ley y sin miedo a la resaca posterior, empezando por ella, que parecía colgada y así se exhibía, y no lo señalamos como un reproche, ¿eh? Fue un bolo con la barra a mano, el molesto humo ya prohibido en USA y UK y un gentío juvenil y entregado, unos 1.500 burgueses mixtos (guapas a punta pala había) que pagaron 35 euros de la entrada en taquilla y salieron plenamente satisfechos del encuentro.
De lo mejor del año resultó el concierto de Patti Smith & Her Band (y su banda). En su seno su hijo Jackson Smith (guitarra) y su fiel Lenny Kaye (a la otra guitarra, de ritmo), éste con pinta de veterano rufián ilustrado y vistiendo una camiseta del bar barcelonés Ramón (la misma que eligió esa noche el crítico bilbaíno del Ruta 66 Eduardo Ranedo). Esta enésima cita con la leyenda del rock de turno que gozamos por estos lares ruló cool, al ritmo debido, con los ambientes modelados y los aromas genuinos del pasado hippie de San Francisco y del presente que nos atañe: “¡el futuro somos nosotros y el futuro es ahora!”, clamó la musa casi al final.
Prejuicios y prevenciones
Desde el arranque ya hubimos de tragarnos los prejuicios y las prevenciones. La cita duró 110 minutos y expendió una quincena de temas con un bis. En la primera canción, ‘Kimberly’, con la argamasa de Lou Reed en NuevaYork y voz nasal algo Violent Femmes, ella bailó verosímil junto a Lenny Kaye. En la segunda, ‘Redondo Beach’, se arrimó al reggae remitiendo a la también neoyorquina Blondie. Ya todos estábamos en la onda y Patti era una de los nuestros: botas camperas, vaqueros ajados, imperdible en el muslo, camiseta blanca vieja (¿y sucia?), americana formal...
Agarró el clarinete y como una suerte de Woody Allen coló pasajes free jazz a la introducción de su adaptación del ‘Are You Experienced?’ de Jimi Hendrix, alargado mediante blues planeador, improvisaciones, lisergia... Más exotismo que el de los últimos Doors que visitaron el Bilbao Live insufló en los dos siguientes temas y en ellos la budista alcanzó la comunión indie-burguesa con la fruición de Yo La Tengo y hasta dio la mano a sus fans desde el tablado.
Ya no había necesidad de convencer a nadie y tras ‘Wing’, soul-blues a lo Van Morrison, Lenny Kaye obtuvo su primer momento de protagonismo en la garajera ‘Pushin’ Too Hard’ de los Seeds mientras la plácida Patti se sentaba al borde del escenario, como en un balcón. La fiesta prosiguió con el grove indie ‘Dancing Barefoot’ y con ella echando un chupito de alcohol a una taza, alzando la taza para brindar y siendo respondida en pleno por el personal, que a su vez alzó botellas de cerveza y vasos a tutiplén.
Ya ven qué bien. La siguiente fue una de las cimas reconocidas por el respetable, ‘Because The Night’ (coescrita con Springsteen), momento en que Patti Smith pidió ayuda pues sentía la voz renqueante. Y sí, la peña empujó más desde abajo que el grupo desde arriba, y es que esta canción la conoce todo el mundo, hasta Amaia, la Reina de la Movida -el lunes orgullosos presumimos de su compañía-, que la bailaba sobre las mesas de Ondárroa en versión bacalao.
Se aplacaron los ánimos en la acústica ‘Smells Like Teen Spirit’ de Nirvana, quizá el punto bajo del bolo a pesar de que ella se quitara la chaqueta y se quedara en camiseta. Después y hasta el final se remontó el vuelo con un eléctrico ‘For Your Love’ de los Yardbirds (segundo momento Lenny Kaye, esta vez con ella sentada al otro lado del tablado), el coreado ‘People Have the Power’, más la frase de ‘nosotros somos el futuro y el futuro es ahora’ que sirvió de intro para el sopapo de ‘Rock N Roll Nigger’, caña rock and roll con la diva punk rompiendo las cuerdas de una guitarra en un gesto gratuito, la verdad.
El bis reservó dos temas. El primero acústico y melancólico, el desamparado ‘Helpless’ de Neil Young. Y en el segundo arreció la tormenta y se destapó la caja de los truenos, pues llegó ‘Gloria’, su revisión en gradación del hit de Van Morrison, estupendo colofón para un concierto de rock and roll sin ambages intelectuales ni subterfugios culturetas.
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