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MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo
El paraíso de Romeo
Max Romeo en el Kafe Antzokia y el ballet Carmen en el Arriaga
22.02.08 -

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El jueves hubo llenazo en el Kafe Antzokia para ver al cantante reggae Max Romeo. Hacía calor, olía a maría, se veían numerosos espectadores negros, las abundantes muchachas rozaban a un Pato que deseó fugarse con una francesita escotada al Turkestán, y la cita apuntó alto desde la introducción a cargo de la banda base, un sexteto totalmente afro con dos metales y muchas rastas que nos entonó mediante un par de instrumentales rebosantes de clase y torridez.
Ya inoculado el virus benigno, el venerable rastafari apareció acompañado por dos coristas muy souleras también negras (en total había nueve personas sobre el escenario, puro lujo), y Romeo sostuvo durante una hora una onda mecedora y brillante de reggae clasicista heredero de Bob Marley (‘One Step Forward’), poco retocado por el dub, con saludos militares al mítico emperador de Etiopía (‘Selassie I Forever’), baladas publicitarias para su amada isla jamaicana (“un paraíso” según Romeo), un coletazo rock steady (‘Let The Power Fall On I’), el guiño a Lennon ‘Give Peace A Chance’, bendiciones varias e invocaciones al Dios único.
Todos más contentos que unas pascuas nos sentíamos cuando hizo mutis. Exigimos con ardor el bis y este llegó sin parón y regaló lo mejor de la hora y media de concierto, entre otras razones porque rompió el raca-raca reggae, aceleró el tempo (‘Jamaica Ska’ y el tema inspirador de ‘Miguelín el casero’ de Potato) y recuperó su éxito ‘Public Enemy Number 1’, muy calipso. Jo, cómo la gozamos...
Aplaudan
Pocas entradas y de mala visibilidad restan para ver en el Teatro Arriaga las funciones restantes de ‘Carmen’ a cargo de la compañia de ballet flamenco de Antonio Gades. El generoso plantel (una veintena de artistas) se usa bien al principio, con vestuario a lo ‘Fama’ cañí y una disposición escénica muy de Saura. Partes rocieras y playbacks de Bizet bien utilizados dan paso a un capítulo central minimal en el que se empieza a echar de menos al plantel completo. Y en éstas este estalla flamenco, de rompe y rasga, lástima que se torne demasiado festero y, en el tercio final, se enfrente la idiosincrasia gala (culta, fina) con la española (torero bufo, bufón travestido) y se manejen el tópico taurófilo de pasodoble y el toreo de salón. Eso sí, aplaudan, pues si se sostiene la ovación del adiós, regalan coreografías coloristas que ni el musical ‘Stomp’.
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