Allenrok
(Sony/BMG)
Estopa pura se concentra en ‘Allenrok’ a pesar de los palos variados: rumba como unos Seguridad Social agitanados vía Los Chichos, sabrosuras caribeñas, scratches y funk, o baladitas nostálgicas. «Hemos grabado cosas que no habíamos hecho nunca. Algunas más duras, más de local de ensayo», dicen.
En la estratosfera de la escena hispánica y manteniendo una velocidad de crucero sensacional, igualable sólo por contadísimos nombres del mercado paisano, se encuentran ahora mismo los felices hermanos de Estopa. Su nuevo disco, el quinto, titulado ‘Allenrok’ (o sea el nombre de Cornellá, su pueblo, con la grafía escrita del revés), verá la luz el martes, pero seguramente ya te hayas cruzado con los dos Muñoz poniendo cara de circunstancias en un anuncio televisivo de la empresa automovilística que patrocinará la gira.
De operarios de esa misma cadena de montaje han ascendido a personajes publicitarios de las marcas acogidas por la poderosa multinacional. A su primer disco le costó varios meses arrancar (no pasaba nada hasta que explotó su éxito calorro ‘La raja de tu falda’), pero ahora Estopa disponen de un reprise que los mantiene lanzados, imposibles de adelantar. Ellos se notan tan seguros que los antiguos curritos David Muñoz (1976, Barcelona) y José Manuel Muñoz (1978, Barcelona) se han atrevido a producir su novedad. «Hemos trabajado con total libertad», dicen. Claro, todo son facilidades laborales y hasta caprichos consentidos cuando por el momento llevan más de tres millones de discos vendidos, unos 800.000 por lanzamiento.
El dúo fraterno mantiene ambos pies (o sea los cuatro) sobre el asfalto. No se han dejado inflar por la vanidad ni se creen que son artistas absolutos por el hecho de vender millones de discos y arrastrar a decenas de miles de personas a sus conciertos en plazas de toros y demás recintos grandes. Cuando declaran que aún compran en el Carrefour, nosotros nos lo creemos. Cuando afirman que no han dado la espalda a los suyos, también. Cuando sueltan una gracia con gesto descreído, nos podemos unir a sus sinceras sonrisas.
Ellos, en el fondo, siguen siendo unos currelas disciplinados. Y si Merche y Bisbal aún son simpáticos a pesar de vender cantidades ingentes y de congregar multitudes, hechos excepcionales que asumen con la coherencia que les confiere el haberse fogueado en tantas verbenas, José y David encaran el mundo del espectáculo con la disciplina asimilada en las cadenas de montaje automovilísticas.
«En nuestro bar»
A finales de 2005 editaron ‘Voces de ultrarrumba’, su cuarto álbum, y con él dieron más de 65 conciertos y recibieron los 30 discos de platino acreditados a las ventas totales de su discografía. Tras la tournée, desaparecieron. Se tomaron un descanso, vamos. Unas vacaciones. «Cuando acabamos la última gira en octubre de 2006, hicimos un parón. Estopa en off. Hemos estado con la familia, en nuestro bar, jugando al basket... Pero nos reuníamos todas las tardes para hacer canciones. Compusimos 30 ó 40 en seis meses y llegó un momento en el que dijimos: ‘Hay que grabar ya’».
Los Muñoz hicieron bien los deberes previos. «Hemos grabado a nuestra bola, solos. Hasta que las canciones no estaban decentes no las hemos enseñado. Ha sido un álbum trabajado con total libertad». Y pronto encararán la gira que anuncian desde el asiento trasero de ese utilitario anunciado en el universo catódico. «Volvemos con fuerza. Haremos conciertos pero vamos a reducir el número para ganar en calidad. Hemos tocado en todos los sitios y vamos a aprender a disfrutar de lo que tenemos y a hacerlo con gusto».