Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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El jueves acudimos al Rock Star para catar a los burgueses barceloneses de Sidonie, tres tipos educados, hedonistas e ilustrados que se inspiran en ciclos de cine expresionista alemán, personajes victorianos, paisajes urbanitas, marcas como Cortefiel y largos fines de semana con nocturnidad y alevosía. Sidonie son listos y viven para pasarlo bien. Son tres ‘bon vivants’ y, en el bis, dos subieron a la barra lateral y, bajo una cegadora luz blanca, con acústicas y sin amplificar cantaron con el respetable: ‘Todo lo que nos gusta nos va a matar mañana / pero es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”.
Como son gente chic, Sidonie también se inspiran en la ‘Costa Azul’ que titula su último disco. Ya lo estrenaron en Bilbao, en un set acústico en el FNAC que les quedó mucho mejor que el concierto eléctrico del jueves, en quinteto ampliado con un teclista y otro guitarrista, un holandés, hijo de una de las chicas de Shocking Blue. Este bolo les quedó un poco peor porque parece que a los catalanes les va mal la dilatación. O sea que cuando prolongan las intervenciones sufren altibajos y dan la razón a Oscar Wilde, que decía que no se puede ser sublime todo el rato.
En el FNAC lo fueron, pero en el Rock Star, ante un público veinteañero en el que cada una de las chicas presentes era guapa, hubo momentos en los que se destensaron (ya podrían haber mantenido el nivel de la presentación de los músicos) mientras vacilaban al personal (cuando Marc apareció vestido de Rey Girasol) y ejecutaban un pop con raptos lisérgicos (vía Manchester al recuperar temas anglófonos de sus inicios), mucha melodía (reminiscente de Los Brincos al usar el castellano) y a veces rudeza sostenida sobre coros exultantes que nos recordaron a Wilco, un grupo que les influye hogaño tanto como los orates Super Furry Animals antaño.
Cara feliz
Llegamos el jueves al segundo pase del Bilbaína Jazz Club. “Vosotros siempre tarde y mal”, nos saludó el camarero. Buen ambiente había para oír al combo liderado por el guapo, afable y rubiales guitarrista neoyorquino Ryan Blotnick, esforzado al expresarse en castellano y nervioso al liderar un quinteto con tres yanquis y dos españoles que lanzó cinco piezas de 12 minutos (más un breve bis) improvisando democráticamente (blues, bop, marasmos, W. Shorter, Impulse) y poniendo él cara feliz en la última pieza, nueva, que funcionó.