Se llenó el íntimo anfiteatro del sótano del Teatro Barakaldo el viernes para disfrutar con la cantaora granadina Marina Heredia, la misma que actuó en formación neoflamenquita en la noche más aguada de las pasadas fiestas de Bilbao. Esta vez en dúo con el tocaor Luis Mariano, cálido y modernista, Heredia, al sentarse, tan estupenda en su entallado modelito de falda larga y topos blancos que el amigo Pato se fugaría con ella al Kurdistán, tuvo problemas con el micrófono. Se prolongó excesivamente la prueba y a la chica quizá se le escapó el duende, pues ofreció una intervención bastante tostón.
“Hola, no se oye... Feliz Navidad”, ironizó en la demora y al fin se arrancó por alegrías. Las entonó con garganta grave, mate, sin despeñarse por el cante y junto a un escudero aplanado. Al acabar, bebió agua del botellín, anunció las malagueñas, y tras un introito guitarrístico elevado onda Andrés Segovia (lo culto le quedaba mejor que lo calé a Luis Mariano), ella no pasó de los ayes manieristas, de los palos estilistas.
A la tercera se le estropeó el micrófono y el resto lo interpretaron a pelo y les salió más disimulado. Es que la amplificación también revela defectos. La fémina hizo las soleás sin picos ni aristas, se puso nerviosa cuando a la mitad se fundió el micro y entonó tan fríamente que parecía recitar. La cuarta, por levante, la comparaba uno con José Mercé y no había color. La quinta, por tangos, estuvo bien, y sentida y alargándose se conjugó con Luis Mariano, quien fue de culto. En la sexta, un fandanguillo, el guitarrista la eclipsó pasándose de frenada, y en la séptima, por bulerías, la Heredia, ya ronca y perjudicada, se marcó un baile y se largó entre la ovación de un respetable que la aplaudió a muerte toda la velada, oigan. Y el bis, a capella, lo bordó, sí.
Carnosos
Los bilbaínos Mamba Beat estrenaron el viernes su primer disco en el FNAC y las piezas bailongas las repartieron como en la grabación: apostando por lo orgánico, que es lo que más cala, o atascándose en lo sintético, que es lo que está de moda. En formato quinteto, sin guitarra, con efectos más una sección de metal doble (saxo y trombón) que se las arreglaba para crear huracanes funk, los muy danzones alternaron esos hitos carnosos (acid jazz onda James Taylor Quartet, instros peliculeros a lo Alcohol Jazz, rollo salsero vía Wagon Cooking) con tecno tribal y groove industrial que sirven para amenizar discotecas nocturnas.