Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Poquísima gente, pero muy mixta, el soleado sábado en el Kafe Antzokia para ver a la Blues Caravan conducida por tres juveniles guitarristas europeos que insuflan energía eléctrica a los doce compases, que avalan la viabilidad del blues en estos tiempos impíos y que incluso al atacar las versiones las vigorizan. La Caravana la montaba el sello especializado alemán Ruf Records y gozó de una banda base rotunda (batería exactamente golpeador, bajista clavado a Jimmy Page y profesionalmente fiable) y hasta cuatro solistas (había otro escudero guitarrista, un finlandés que soleaba sin recato ni limitaciones) que ocuparon el tablado con los deberes hechos y la ejecución rampante.
Tras un introito en sexteto comunitario (¡con las cuatro hachas solistas!), se quedó como lideresa la dulce morena Dani Wilde, de Brighton, Inglaterra, con entallado vestidito color picota estampado con flores negras. Tocaba la guitarra con las uñas y cantaba con un rajo soul espectacular tan actual como el de Duffy. Metió caña, hizo boogie, pugnó por las palmas del público casi en vano, y se lució con una sentida versión de la balada ‘I’d Rather Go Blind’ de Etta James, además de disparar un renovado ‘Little By Little’ de Junior Wells.
Impresionante fue luego la intervención de Oli Brown, hacha de Norfolk, Inglaterra, nacido en 1990 y que descubrió el blues tardíamente, con lo cual lo ataca sin prejuicios ni encorsetamientos. Guapo, flaco, con pantalón y chaleco de rayas, Oli sonó rápido, limpio y atronador, subía y bajaba en las emociones, se paraba en seco en cuerpo y alma como ZZ Top, hizo desde swing a lo Gatemouth Brown hasta tralla tejana vía Stevie Ray Vaughan, versioneó el ‘Black Betty’ de Leadbelly como si fuese Sly Stone, y cantó sin micro con el furor de un bluesman negro.
La tercera del lote, la simpática y llana Erja Lyytinen, de Helsinki, Finlandia, con microtanga emergiendo de sus bluyins, cursó la más roquista y modernista desde el ritmo palúdico del ‘Steamy Windows’ de Tony Joe White (popularizado por Tina Turner) al funk estilo Kinsey Report. Aparte, reveló una clase magistral a la slide que le rebosó en la introducción del ‘Crossroad’ de Robert Jhonson. Al final, todos juntos de nuevo repasaron más versiones con clase, rotundidad, sentimiento y conjunción, caso del ‘Ain’t No Love On The Heart Of The City’ de Bobby Blue Bland. Un buen bolo: 95 minutos suministrados con fluidez.