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Ocio

MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo
Sin cumplir las normas
Intenso jueves con el nuevas tendencias del 20 Villa de Bilbao, el trompetista Joe Magnarelli en el Bilbaína Jazz Club, y Vetusta Morla en el Kafe Antzokia (29 de mayo)
30.05.08 -

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El jueves fuimos a la segunda y última terna del apartado nuevas tendencias del 20 Villa de Bilbao. Estuvimos acompañados por dos macizas, Rosa y Helena, que fumaban light y mentolado a pesar de la prohibición en el Bilborock. “La gente suele cumplir las normas, pero yo también hago siempre lo que quiero”, le susurré en la oreja a Rosa. Ejem... Abrieron la tripleta los giputxis Fairlight, el dúo más moderno de la noche, el único que cumplió las reglas de las tendencias. Vaya, sonaba a los 80 a tope (aura OMD, carcasa y relleno Depeche Mode), los visuales quedaron bien (pero ya huele tanto antioccidentalismo, ¿eh?) y el repertorio discurrió en gradación subliminal con muchos pregrabados aunque otro tanto buen gusto y mejor ordenar.
Los segundos, los vizcaínos Backbone, en formato trío, no cumplieron las reglas y se apuntaron más a una jam zappatera (de Frank Zappa, no de ZP) con vibración guitarrera muy funkie y setentera y un momento pseudomodernista a lo New Order que resultó un bajón meridiano en su set.
Cerraron los franceses Minitel, unos chavalillos que a juicio de Pato mezclaban con gusto progresividad, rock y electrónica. Eso es ver mucho, pues su repertorio, también opuesto a las reglas del nuevas tendencias y más propio para el apartado pop-rock, fue de rock, a veces tan retro que se remontaba a la nueva ola de Ian Dury, otras tan ambicioso y contemporáneo que abrazaba los ritmos del brit pop más danzón, pero sin acabar de conseguir sus objetivos: ése, que la peña baile.
Como Dios manda
El jueves presenciamos el primer pase del Bilbaína Jazz Club, donde durante una hora el trompetista neoyorquino Joe Magnarelli condujo a un quinteto delicioso, talentoso y cadencioso al recrear con suma clase el swing dorado. Cumpliendo las normas como Dios manda (desde el ritmo a la sucesión de solos, desde el repertorio a la magia), el jazz brilló como sucede ocasionalmente. Ver eso era como imaginar vivir secuencias de película o veladas en clubes legendarios. Abrieron con el standard ‘I’ll Close My Eyes’ y destaparon las esencias, el aire tejano sopló en el proteínico ‘Sunny Moon For Two’ de Sonny Rollins, el ‘Volare’ itálico irradió picante y tropicalón, la balada after hours ‘What’s New’ (Parker, Coltrane...) se ajustó a la ortodoxia (Pato observó: “cómo la trompeta puede sonar tan alegre y luego tan triste... tengo que aprender a tocarla antes de que me muera”) y cerraron con el quasibop ‘Cheese Cake’ de Dexter Gordon. Una gozada con mención especial para el guitarrista Dave Mitchell, clásico como Barney Kessel.
Carambolas
El jueves rematamos la jornada en el Kafe Antzokia, donde más de 400 veinteañeros vibraron con los madrileños Vetusta Morla. Nos perdimos el principio, pero una pluma que respetamos comentó: "qué buenos músicos y qué aburridos, todo el rato igual". El ambiente bullía y del mogollón salía Nacho Beltrán opinando que los vetustos iban a ocupar el lugar de Deluxe y aprovechamos para picarle, pues Nacho es un magnífico baterista al que hicimos rabiar soltándole que Loza, el golpeador en Deluxe y Sex Museum, es mejor qué él. Je, je...
Bueno, tras los cotilleos y las risas entramos en materia y comprobamos físicamente que la atmósfera era la de las ocasiones especiales, de los grupos en estado de gracia, del momento de moda que ojalá se prolongue. Los seis flacuchos, con barbitas y desaliñados (igual que Deluxe o Lory Meyers), Vetusta Morla demostraron que su gran influencia es Radiohead (esas guitarras) y por esa vía, por supuesto, a veces también se parecían a los Piratas (pero los madrileños dan mil vueltas a los gallegos por actitud, canciones y entretenimiento, ¿eh?). También entre las fáciles carambolas de su listado revelaron que saben elaborar composiciones melódicas con el gancho de Coldplay, en los momentos más rockeros dejaron entrever vetas de Pearl Jam o Incubus, y los más nos gustó fue su efectismo escénico epiléptico y atronador, en ocasiones en plan unos Standstill menos viscerales.
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