Al torrencial Calamaro se le nota en forma cuando se expresa desde el madrileño barrio de Salamanca. Lírico y rocker, estelar y a la vez terrenal, a Andrés se le percibe perspicaz.
–¿Estás pasando una etapa laboriosa? Tu disco de la lengua, el de la gira con Fito, tu gira actual...
–No tanto como parece. El LP lo grabamos en dos meses en 2007, después hicimos el póquer de Fitipaldis y cerramos el año también con Fito. Fuimos de gira a Uruguay y Argentina. Intensa pero corta y con mucha gente. Ya estamos listos para tocar... Y deseándolo. También tengo mis proyectos, claro, pero no trabajo tanto como parece.
–Oye, ¿cómo es Fito como persona? Yo creo que es majo, sincero y humilde. Pero me puedo equivocar, ¿eh?
–Nunca te equivocarías con Fito. Es sincero, humilde, generoso. Es un varón de buena madera. Buen músico y poeta de su pueblo, guitarrista de verdad... Con estirpe roquera del norte. Mejor, imposible. Para mí fue un ángel con boina cayendo del cielo.
–Tu gira española se limita a diez o doce fechas. ¿Para no agotarte?
–¡Es que estos últimos años tocamos mucho menos! Cinco veces en 2007, nueve en 2006, siete en 2005... Y antes, nada. Estoy enfocado en llegar con mis capacidades intactas al próximo compromiso. Es verdad. Quizás preferiría tocar mas veces y en más ciudades y en otra clase de espacios. Por ejemplo, me lamento de tocar en Asturies y no cantar en Gijón.
–¿Unas palabras sobre ‘La lengua popular’? Trae palos latinos a veces charangueros, aura dylaniana y lírica sentimental calamariana.
–Es un disco respetuoso de la estética del R&R, pero libre a dejarse mojar por todo lo que escuchamos o los sonidos que nos gustan y nos gustaron. Me senté, casi siempre con Cachorro López, a escribir nuevas canciones, letras interesantes, emotivas, trascendentes, eróticas... Es un disco como debe ser un disco: que no sea en inglés ni materia de esnobismo puro o de fundamentalismo roquero.
–¿La última vez que te emocionaste como rockero? Quizá te llegó la sensación de una peli, de un libro, de tu guitarra...
–Mis emociones son muy masculinas. Me gusta quedar a comer con un amigo y vestirme para la ocasión. También hablar emotivamente de música. Los libros no los termino, pero me emocionan y... lo intento. Veo cine para dormir y también doy con buenos filmes que me gustan y me emocionan. Siempre que repiten ‘Zoolander’ me emociono. Me emociona recordar que Sabina escribió una letra para mí, que Mariano Morés escribió una partitura para una letra mía... ¡Soy el hombre de hielo!
‘Glamourómetro’ bajo cero
–¿Cómo será tu concierto en Bilbao?
–Respetará el estilo que siempre tienen nuestros conciertos: mucha entrega, mucha guitarra, muchas voces, pura tracción a sangre, las preferidas del público, las preferidas por nosotros, alguna versión... Invitados ocasionales y muy especiales.
–¿Qué haces al acabar tus conciertos? ¿Atiendes a fans, vas de marcha, te refugias en el hotel...?
–Empecé a grabar y tocar antes de terminar el colegio, conocí el ‘glamourómetro’ bajo cero, los ‘after’ patéticos y también las fantasías propias del género y el modo de vida. Actualmente me cuido todo el día para llegar entero y cantar bien de verdad. Si los conciertos son eventos para miles de personas, tengo que remontarlos cantando mucho. Casi siempre prefiero un poco de ‘room service life’, aunque también me agrada compartir un momento de risas con los músicos y los técnicos. A los fans los atiendo desde arriba del escenario.