Sigue la sección de críticas de música de nuestro 'guía' Óscar Cubillo. No te pierdas sus comentarios sobre los últimos conciertos.
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Hasta los huevos de la Humanidad en general y de esta sociedad que hos ha tocado vivir en particular, el viernes, tras desestimar por vagancia la emigración a Canadá (ahí apenas hay gente, oigan), optamos por desintoxicarnos en el sarao que montó la asociación sin ánimo de lucro Northern Rockers (otros soñadores, ¡ja!) en el Azkena. Calentaron ante poca peña Los Derrumbes santanderinos, hacedores de surf instrumental que participaron con sonido regular, demasiados dientes de sierra y una apostura mejorable a pesar las coreografías simpáticas.
Repasaron standards y no tanto (Link Wray, Los Straitjackets, ‘Zorba el Griego’, Los Ágaros de San Sebastián) manejándose con una imperfecta melodía vía Ventures, ciertos brochazos exóticos y algún trepidante número reverberante, como ‘Krakatoa’, movedor en plan Dick Dale. Lo mejor, el cover de Del Shannon y su go-go con vestidito prietito. Ñam, ñam.
Casi nos enamoramos en ese momento, pero cuando en verdad resucitamos fue durante el cambio de escenario gracias al criterio del pinchadiscos, que seleccionó ‘Chantilly Lace’, Vincent, el ‘That Mellow Saxophon’ original... Ya expectantes y semiansiosos nos centramos para ver a los protagonistas, los Black Cats de Michigan, que actuaron ante una nutrida parroquia con chicas pijas, punks, rockeros melenudos y tuperianos habituales del paisaje.
Trampolín
A los yanquis les llaman los nuevos Stray Cats, pero eso es comparar a Dios con un... especialista en neologismos de género. Sólo son tres jovencitos entusiastas al atacar un rockabilly con filo roñoso (al sonido le faltó cuerpo, el contrabajo se les gripó al empezar) e ímpetu saltarín (el guitarrista - “no bebo”, le dijo a un fan que le pasó una botella- usaba de trampolín el bombo de la batería y se tiró todo el bolo brincando) que retumbó menos finolis que en CD, donde se cuelan influjos añejos del modernista Eddie Cochran y del precursor eléctrico Johnny Burnette.
Aunque fusilaran subrepticiamente el ‘18 Miles To Memphis’ de los Stray Cats en su original ‘I’ll Be Damned’, los Black Cats (Gatos Negros) operaron sobre el tablado más a saco que en disco y se pasaron por la piedra a Jerry Lee Lewis (‘High School Confidential’), violentaron en dúo batería+guitarra tipo Thee Inmortal Lee County Killers a Johnny Cash (‘Folson Prison Blues’), se aceleraron con psychobilly vía Meteors y la montaron tabernarios como Kings Of Nuthin. Moló todo, ¿eh?, no pequemos de críticos.