La leyenda del soul y el rock inglés Steve Winwood actuó el martes en el Rock Star Live de Barakaldo ante unas 400 personas, no muchas para su leyenda y la mayoría gente mayor con buen gusto. En casi dos dos horas (117 minutos) interpretó doce piezas y actuó con cierto distanciamiento (¿timidez artística o decepción ante el disminuido aforo de un Steve que llena el Madison Square Garden noches consecutivas?) que se amortiguó al final, pero no demasiado. Gastando tal flema británica y apoyado por un combo de fuste (estupendos el saxo y el baterista de escuela brasileña, buenos el percusionista y el guitarrista), los doce temas ejecutados no cubrieron toda su carrera, como anunció Steve en este rotativo, sino que él recuperó sus clásicos legendarios en proyectos surgidos y curtidos en los 60 (siete títulos), estrenó cuatro piezas de su último álbum en solitario (‘Nine Lives’), y los 34 años intermedios se los pulió escogiendo un único tema en solitario, ‘Higher Love’, de 1986, número 1, su punto álgido a su nombre, un funkito reiterativo que pinchaban a menudo entre horas en la discoteca del pueblo de Pato, fan fatal de Winwood que hizo muy bien los deberes para este bafle.
A Winwood le pesa su pasado, pero procura contar cosas nuevas barnizadas de una madurez escéptica ante la vida que aún no renuncia al amor. Las cuatro piezas de su último álbum cruzaron el blues-rock con ritmos exóticos: ‘Hungry Man’ se contoneó con reggae, al final de ‘Dirty City’ Winwood emuló el punteo que le mete en el CD su amigo Clapton, se le notó adulto tipo Kenny G en la balada flautista ‘Fly’, y sonó africano en ‘At Time We Do Forget’, con epílogo a lo Santana
Clásicos de los 60-70
El corpus del bolo lo aportaron sus clásicos de los años 60-70. Por ejemplo, los del Spencer Davis Group (grupo existente entre 1963-69), pues abrió con el ‘I’m A Man’, en plan soul mod, con él al Hammond, y cerró el único bis con el ‘Gimme Some Lovin’, esa fagocitación chillona del soul sureño que hicieron más famosa aún los Blues Brothers. También hubo un recuerdo para Blind Faith, el grupo efímero que creó en 1969 con su amigo Eric Clapton, del que rescató ‘Can’t Find My Way Home’, más llevado al AOR de Steve Lukather que al hippismo de la época.
Y las cuatro composiciones restantes fueron de Traffic (gran banda que duró entre 1967-74), a saber: ‘Pearly Queen’, progresiva y exótica; ‘Light Up Or Leave Me Alone’, acid jazz funkatero, largo y con profusión de solos y ovación, quizá la mayor de la noche, para el saxofonista, que sopló un efectivo solo a lo Maceo Parker; un también extenso ‘The Low Spark Of High Heeled Boys’, progresivo, a lo Santana y cuya fórmula deberían aplicarse los jazzistas fusioneros Spyro Gyra; y, para abrir el bis, el ‘Dear Mr. Fantasy’ en trío, con buenos punteos de un Winwood que sobre todo se sentó tras las teclas en este concierto.
Fue un concierto formal de una leyenda que no acabó de conectar con el respetable (dos o tres veces se dirigió a nosotros en 117 minutos) y que se dejó en el tintero piezas aquí famosas como ‘Valerie’.