Las recomendaciones de Abel Barriola
«En Leiza se vive bien»
Vía verde de Plazaola
(Guipúzcoa y Navarra)
Dónde: Lekunberri (Navarra).
Longitud: 40 km., aunque está dividida en tramos.
Usuarios: Caminantes, bicis, caballos... Se puede recorrer hasta en silla de ruedas.
Firme: Tierra compactada.
Servicios: Alquiler de bicicletas en Lekunberri. 12 euros/día (T609044071).
Cuentan los lugareños que la mejor manera de comenzar un matrimonio en Navarra y Guipúzcoa allá por los años veinte era viajando en el tren de Plazaola, ya que al pasar por el túnel de Uitzi, uno de los más largos de la época
-2.700 metros-, la máquina aminoraba su marcha hasta diez kilómetros por hora y, protegidos por la oscuridad del vagón, los recién casados podían darse el beso más largo del mundo. A buen seguro, del encuentro entre labios que se buscan saltarían chispas, iguales a las de los cohetes que en 1914 anunciaron el primer viaje de esta línea entre Pamplona y San Sebastián.
A principios del pasado siglo, antes de convertirse en tren de viajeros, este ferrocarril de vía estrecha había servido para hacer llegar el hierro desde las minas de Plazaola hasta Andoain, pero cumplidos los años cincuenta, las riadas y la competencia de los autobuses terminaron con sus andanzas, abandonando tras de sí una ruta de vías desmanteladas que dejaron huella en el paisaje. Allí quedó el trazado, fantasma de otros tiempos, hasta que el Programa de Vías Verdes impulsó su acondicionamiento como recorrido destinado al ocio y al deporte. Actualmente, más de 7.000 kilómetros de líneas ferroviarias sin servicio –1.600 recuperadas ya- se encuentran en el punto de mira de este proyecto, líneas de suaves pendientes, aptas para personas de cualquier edad, que han sido o serán adaptadas. La de Plazaola es una de las 65 rescatadas.
El trayecto arranca en la antigua estación de Lekunberri, sede de la Oficina de Turismo y del Consorcio Turístico. Allí ofrecen la información necesaria para la marcha, hay disponible un servicio de alquiler de bicis y un antiguo vagón de Eusko Tren, readaptado como espacio lúdico, cuenta a los niños la historia del ferrocarril. Superada la toma de contacto, un suave ascenso a través del Valle de Larraun sumerge a los visitantes en la foresta, obligándoles a traspasar los primeros túneles de los 41 que salpican el itinerario. Serán cinco kilómetros hasta divisar los edificios de la estación de Uitzi –no duden en entrar al pueblo-, puerta de acceso al túnel del mismo nombre, transitable pero no recomendado, para el que existe una pista alternativa.
Entre hayedos y robledales
Otras siete galerías restauradas permiten, a partir de ahí, continuar por el trazado sin perder de vista el paisaje de hayedos y robledales característico de la zona. Así se llega hasta Leiza (km. 12,7), aunque la ruta rodea el casco urbano. Vale la pena, si no hay prisa, acercarse al pueblo para admirar sus casonas de piedra adornadas con flores, la plaza y el Ayuntamiento. Al retomar más tarde el camino, un pétreo viaducto despide al viajero introduciéndole en la espesura del Valle de Leitzaran hasta la estación de Plazaola (km. 18), frontera entre Navarra y Guipúzcoa.
Nos queda por recorrer la mitad del camino hasta Andoain, la mayoría sin acondicionar pero fácilmente transitable, aunque en ocasiones habrá que convivir con rutas madereras. El entorno que se cierra en paralelo a las aguas del río Leitzaran justifica el esfuerzo. A un kilómetro del linde entre los dos territorios se sitúan las Minas de Bizkotx, origen del ferrocarril. Diques, canales y molinos advierten en este tramo de la explotación del río por el hombre; no parece coincidencia que una de las mayores sorpresas sea un espectacular acueducto de ocho ojos en piedra (km. 23), que cruza el valle llevando agua hasta la central de Ameraun. El paisaje de Inturia (km. 32), bonita presa construida a base de gradas, invita al descanso para afrontar el último tramo desde el que, a la altura del estrecho paso de Bixera, se divisa una sucesión de saltos y cascadas de agua. Algo más adelante, en el túnel de Oteita, un leve desvío es casi obligatorio para conocer el puente de Unanibi, uno de los más retratados de Guipúzcoa. Desde allí, poco queda ya para internarse en el caso urbano de Andoain, punto final del trayecto. n