Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Planes

Planes

Este jardín de aspecto inglés, de praderas deliciosamente cuidadas y árboles monumentales, es la zona de expansión preferida por los bilbaínos
16.11.07 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Parque de Doña Casilda (Bilbao). Otoño en el Parque
Asomarse a los ventanales del museo es como volar por encima de un bosque cerrado y variopinto que se hunde hacia un espacio misterioso. Pero no hay enigmas en el parque de Doña Casilda, sino el sueño de un botánico que aspira a domar la Naturaleza y hacer accesible este espacio urbano que durante décadas, antes de que se inauguraran los parques Europa, en Txurdinaga, y Etxebarria, era el único pulmón verde de una ciudad tenebrosa que, paradójicamente, creció rodeada de arbolado en sus cercanas laderas.
El parque por antonomasia de Bilbao ha cumplido 101 años desde que la señora de Iturrizar y Urquijo, esposa del banquero Tomás de Epalza y fiel a su costumbre de ofrecer obras de misericordia, lo donara a la ciudad. Con una dimensión similar a la de ocho campos de fútbol, el recinto se acomoda a la orografía de la ciudad, más conocida por sus subidas y bajadas que por las superficies llanas. Este jardín de aspecto inglés, de praderas deliciosamente cuidadas y árboles monumentales, es la zona de expansión preferida por los bilbaínos.
En verano te los encontrarás tumbados en el césped comiendo un helado del tenderete de Capra o dormitando, pero es el otoño la estación más apropiada para disfrutar de él. Los innumerables árboles de hoja caduca mudan de color y el suelo es un tapiz ocre, grato para los paseantes (siempre que anden con cuidado para no resbalar) y el infierno en tierra para los barrenderos. Chopos, magnolios y plátanos componen este bosquete domado.
Completan el parque las inevitables aves (pavos reales, patos de varias especies), que comparten el estanque y, junto a él, un carrusel de aspecto decimonónico. No será tan famoso como el tiovivo de Alderdi Eder, en La Concha, pero, a falta de playa, bueno es un Botxo. Y una ciudad que exhibe en lugar preferencial la estatua de un payaso, el gran Tonetti, no puede ser tan inhumana.

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Eventos   Bares   Restaurantes  

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

HOY:7.6 / 12.3lluvia
Jue. 04:11.7 / 13.3lluvia
LOC
Vocento
SarenetRSS