
Nutria, ciervo, lince, bisonte y buitre ¡Vaya fauna!
Refugio de Basondo
Kortezubi (Vizcaya)
Dónde: Caserío Morgota, barrio de Basondo.
Horario: Abre los sábados, domingos y festivos a las 11 horas.
Precios: 6 euros los adultos, 4 los niños.
Teléfono: 946254436
Kata espera escondida tras un seto la llegada de los pequeños. A un metro, su hermano Motz se dedica a curiosear. Por un momento, el visitante se pregunta si no serán los dos pequeños linces nacidos en cautividad en parque de Basondo quienes en realidad observan a los humanos que han ido a verlos. Este refugio para la fauna silvestre de Urdaibai se encuentra en Kortezubi a unos metros de la entrada de la cueva de Santimamine. Allí nos recibe Itziar, la directora del centro de recuperación de especies, inaugurado por su hermano, el desaparecido naturalista Xabier Maiztegi, por el que todos los años pasan cerca de 40.000 escolares para descubrir animales bastante comunes, pero que la vida ‘urbanita’ ha convertido en misteriosos. «Es increible que les cueste diferenciar un tejón de una mofeta», se lamenta.
En Basondo hay más de 150 animales de 60 especies diferentes, se imparten charlas didácticas y durante las vacaciones se organizan eventos especiales como el vuelo de rapaces desde la cercana ermita de San Miguel de Ereñozar, en el alto del monte que cobija las cuevas. Pero el parque es sobre todo una buena excusa para abandonar el asfalto por unas horas y pasar el día con los hijos... o con los padres. En ningún sitio dice que Basondo esté pensado en exclusiva para el entretenimiento y la educación de los más jóvenes.
A lo largo del recorrido de 1,5 kilómetros encontrarán linces, lobos, zorros, nutrias, bisontes, serpientes, roedores, buhos reales, milanos, alcones y buitres leonados. «La mayoría nos los traen porque las han encontrado heridas, generalmente por algún escopetero», dice Itziar. La entrada cuesta 6 euros (los niños 4) y se realizan visitas guiadas, en castellano, euskera, francés e inglés, para grupos de más de 15 personas.
Lo ideal es visitarlo en fin de semana; volverá con un gran recuerdo. Por cierto, no espere que los animales hagan ningún esfuerzo por entretenerle. «Esto no es un zoo –advierte Itziar– aquí sólo nos quedamos con las criaturas que no tienen la más minima posibilidad de sobrevivir en libertad, a los demás los devolvemos a su hábitat», concluye Itziar.