Un picoteo de lo más zancudo
Alfaro
(La Rioja)
Qué ver: La mayor colonia urbana de cigüeñas blancas sobre un único edificio del mundo. En la colegiata de San Miguel hay cien parejas.
Información: Oficina de Turismo, T941180133.
La colegiata de San Miguel, en Alfaro, se ha convertido en la mayor colonia urbana de cigüeñas blancas sobre un único edificio del mundo, todo un orgullo para sus habitantes que han hecho de esta zancuda su principal reclamo turístico. Desde el mirador situado justo enfrente de la iglesia se puede contemplar el trajín que llevan en busca de comida y materiales para sus nidos, esos momentos íntimos en los que machos y hembras se aparean entre delicados choques de picos y musicales crotoreos, el nacimiento de las crías y sus primeros vuelos. Las cigüeñas tienen un comportamiento muy peculiar, casi humano. Además de ser trabajadoras incansables y limpiar los campos agrícolas de bichos y otros desperdicios, son fieles a la misma pareja toda su vida y se reparten el cuidado de los hijos al 50%. Pero no todo son virtudes, también sufren brotes de cleptomanía y les encanta robar ramitas y palos de nidos ajenos, lo que provoca verdaderas trifulcas entre ellas.
Los tejados de San Miguel acogen este año alrededor de cien parejas de cigüeñas que aguardan la llegada de sus bebés para este mes. Normalmente, cada una de ellas ponen hasta cinco huevos. Algunos de los nidos llegan a pesar hasta 700 kilos, toda una prueba de resistencia para una cubierta que recientemente tuvo que ser restaurada. «Sus cornisas y pináculos lo convierten en un lugar muy atractivo para construir su hogar», explica Camino de la Torre, responsable de la Oficina de Turismo, que organiza visitas guiadas los fines de semana (T941180133 turismoalfaro@alfaro.es).
Encima de la colegiata ya no cabe un alma, así que las más jóvenes se han tenido que instalar en iglesias cercanas, como la de San Francisco, donde hay otras 50 parejas, o en otros pueblos aledaños de la Ribera riojana y navarra. «Eligen lugares religiosos por la altura. Son muy asustadizas y prefieren mantener una distancia prudencial con el hombre», añade.
Aunque siguen emigrando todos los años, cada vez pasan menos tiempo fuera de Alfaro. Si antes se decía ‘Por San Blas, las cigüeñas verás’, festividad que se celebra el 3 de febrero, ahora empiezan a llegar en diciembre, procedentes de lugares más cálidos, como Doñana o Extremadura. Primero aparece el macho, se apodera de su antiguo nido y lo repara para recibir a la hembra. En febrero se aparean y, en marzo, macho y hembra se turnan para incubar los huevos e ir a por alimento a la reserva de los Sotos del Ebro, donde encuentran insectos, reptiles, pequeños roedores y pececillos en abundancia.
A partir de abril, nacen los cigoñinos y en su tercer mes de vida iniciarán sus primeros vuelos. «Son torpes porque tienen un tamaño bárbaro para su edad. A veces no pueden volver solos al nido, así que los cogemos y los soltamos desde un cerro alto para que regresen». Durante el verano, sus padres les llevarán al campo para que aprendan a alimentarse por sí mismos y en septiembre emigrarán con el resto de la colonia. Los más ancianos, ya jubilados de sus faenas, se quedarán en Alfaro esperando que vuelva la primavera.
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