A menudo caminamos por la ciudad ensimismados, ocupados en nuestros pensamientos y obligaciones, sin prestar atención a lo que nos rodea. Recorremos, por ejemplo, el Casco Antiguo de Vitoria sin dar importancia a los palacios renacentistas, las calles medievales o las construcciones neoclásicas. Sólo la catedral de Santa María recibe un elevado número de visitas, en parte gracias a Ken Follett, que la ha convertido en escenario de su último ‘best sellers’.
Para evitar que sigamos recorriendo el casco histórico –declarado conjunto histórico monumental en 1997- como si fuéramos vacas mirando al tren, la Oficina de Turismo organiza desde hace tres años unas visitas teatralizadas que permiten descubrir de forma entretenida la historia de la ciudad en el siglo XVI, su época de mayor esplendor comercial, artístico y arquitectónico. La empresa que las organiza nos propone un viaje hacia atrás en el tiempo, hasta 1540, año en el que Vitoria recibió la visita del emperador Carlos I.
Preparando esa visita encontramos a Mateo de Aguirre, heredero del ilustre cortesano Ortuño Ibáñez de Aguirre. Mateo, a quien escucharemos presumir constantemente de su rancio abolengo, será uno de los encargados de explicarnos las peculiaridades de una ciudad en pleno apogeo. Junto a él, Ana, el ama de llaves de Montehermoso, y don Diego, funcionario municipal. Más tarde aparecerá Damián, responsable de los abastos en la casa de los Aguirre y más preocupado por conquistar a Ana que por sus innumerables quehaceres.
Un sainete amoroso
Los actores, ataviados con vestimentas de la época, no sólo interpretan divertidos papeles (la persecución de Damián a Ana llega a convertirse en un sainete humorístico, que refleja las costumbres de la época), también son los encargados de ilustrar y dar vida al recorrido. La visita comienza en la balconada de San Miguel, justo debajo de la réplica de la imagen de la Virgen Blanca. Allí nos pondremos en manos de Amaia o de Andere, las dos excelentes guías, expertas en Historia del Arte, que harán con nosostros el recorrido. En la primera parada, en la plaza del Machete, don Mateo saluda al grupo de visitantes y les informa de la inminente visita del emperador, verdadero eje central de la visita.
Comienza a oscurecer, lo que conviene al relato: «De noche es más fácil mostrar el encanto de la ciudad antigua e imaginar otras épocas», apunta la guía. Entre el empedrado de las vías y las estrechas calles, es fácil imaginar cómo se movían hace 400 años comerciantes, soldados, caballeros o campesinos. Así, el paseo continúa por lugares como la plaza de las Burullerías, la plaza de Santa María, el convento de la Santa Cruz, que guarda una supuesta reliquia de la crucifixión de Jesucristo o el palacio Escoriaza Esquível. Especial atención merece la puesta en escena en el interior del Palacio de Villa Suso, donde don Diego nos explicará los significados de tapices y fachadas en los que se encuentran diferentes alegorías que invitaban a las pautas de comportamiento para el vulgo.
La música cortesana de la época ayuda a adentrarse en el ambiente medieval. El broche final lo pone el palacio por excelencia de la época, Montehermoso, lugar donde está previsto que se hospede el emperador. Son estas unas visitas muy recomendables, no sólo para quien no conozca la ciudad, también para el vecino que quiera descubrir la historia de su ciudad de un modo diferente.