
El pantocrátor domina la bóveda de San Martín de Tours, en Gazeo. A la izquierda, el templo./ Fotos: Blanca Castillo
Ruta de los templos de la Llanada alavesa
Salvatierra (Álava)
Cuándo: las visitas en marzo tendrán lugar los días 9, 15, 16 y 30 (10.30 horas). Del 19 al 23 del mismo mes, a partir de las 16.30. Resto del año consultar.
Precio: 3 euros, niños hasta 16 años gratis.
Teléfono: 945302931
Oficina de turismo: Mayor, 8
Al alzar la vista hacia los techos y las paredes de la pequeña iglesia de Alaitza, muy próxima a Salvatierra, uno no puede dejar de pensar en los demonios que habitaban en la mente del pintor. Allá por el siglo XIII, el artista decidió prescindir de santos, cristos y vírgenes para reflejar soldados, muchos soldados, escenas de crímenes y combates, episodios de la áspera vida en la Edad Media y, quizá como una concesión al templo, en una esquina dibujó grupos de peregrinos. La iglesia de Alaitza compone, junto a las cercanas de Gazeo y Añua, el triángulo del patrimonio de la Llanada alavesa que ha entrado en un circuito de visitas guiadas.
La visita comienza en Salvatierra, desde donde nos llevará muy poco tiempo llegar hasta Gazeo. Allí podremos contemplar el pequeño templo románico de San Martín de Tours -una sola nave, rectangular y ábside semicircular con bóveda de horno-, cuyo principal interés radica en las pinturas murales del interior. En el siglo XIII, los habitantes de estas tierras pintaban historias sobre los encalados muros de sus iglesias y ermitas, para divulgar, mediante imágenes, las historias de la Biblia a un pueblo analfabeto. Un anónimo artista, procedente casi con seguridad del taller de pintura que debía de existir por entonces en Vitoria, fue el autor de la obra.
Como si de un libro ilustrado se tratara, una compleja narración aparece ante nuestros ojos. En la bóveda, la vida de Cristo aparece reflejada en diferentes momentos: infancia, vida pública, pasión y resurrección. Debajo, frente al altar, el pintor sitúa el Calvario y el Juicio de las almas. En el muro de la derecha los condenados son conducidos al infierno. Toda una lección religiosa que por fortuna se ha recuperado, porque hasta 1967 las pinturas permanecieron ocultas tras una capa de yeso.
A tres kilómetros escasos, en Alaitza, encontramos la iglesia de la Asunción. Contiene unas singulares pinturas, que por temática y ejecución uno no esperaría ver dentro de un templo. Las figuras son mucho más simples y de trazo muy esquemático. No hay gama de colores, las pinturas son monocromas, basadas en el ocre oscuro. La incógnita de Alaitza es cómo en los muros de un templo aparecen unos frescos de temática casi bélica.
Armas y vestidos
La solución puede estar en la propia Historia. En el siglo XIV, compañías inglesas al mando del Príncipe Negro participaron en la batalla de Nájera, donde guerrearon junto a las tropas de Pedro I el Cruel. Es seguro que pasaron por Alaitza, y hay quien asegura que utilizaron la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción como acuartelamiento provisional. Quizá fuera entonces cuando algún soldado tuvo el acierto de reflejar en los muros de la iglesia escenas del oficio de la guerra, un verdadero catálogo de la vestimenta y el armamento de la época.
Nuestra excursión finaliza en Añua, una pequeña población a unos 13 kilómetros de Vitoria, que posee el templo de mayor interés artístico del término municipal de Elburgo. La parroquia, dedicada a la Natividad de Nuestra Señora, es un edificio integrado por varios volúmenes que presenta un excelente estado de conservación después de la profunda restauración a mediados de los años ochenta.
En la cabecera, compuesta de presbiterio y ábside, se puede observar la transición del románico al gótico. El resto del cuerpo del templo se levantó durante el Renacimiento, en el siglo XVI. El ábside, de forma poligonal, presenta un conjunto de esbeltas arquerías de estilo gótico, y los motivos decorativos son variados: vegetales, animales, humanos e incluso monstruosos y fantásticos.