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Al sur de Valencia, a poco más de 10 kilómetros, los ríos Júcar y Turia se encuentran cara a cara y se funden en un largo abrazo formando el mayor lago de agua dulce de España
05.10.09 -
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La Albufera (Valencia). El lago de 'Cañas y barro'
Un paseo en barca por la Albufera y una paellita en la isla de El Palmar, a los pies del lago, es el plan ideal para disfrutar de la naturaleza en familia y conocer las tradiciones de esa comarca dedicada desde tiempo inmemorial a la pesca y al cultivo del arroz, que con tanta maestría y pasión retrató el escritor Vicente Blasco Ibáñez en ‘Cañas y barro’. Al sur de Valencia, a poco más de 10 kilómetros, los ríos Júcar y Turia se encuentran cara a cara y se funden en un largo abrazo formando el mayor lago de agua dulce de España. Rodeado por extensos arrozales y separado del Mediterráneo por una franja de dunas salvajes y viejos pinares, este Parque Natural tiene un encanto especial porque allí nidifican y viven multitud de peces y aves, tanto autóctonas como migratorias.
El punto de partida de las rutas en ‘albuferencs’, nombre que reciben las típicas barcazas de la zona, es el pueblo de El Palmar, situado en el centro de la Albufera y comunicado con tierra firme, a través de pequeños puentes, por un camino salpicado de huertos y adelfas. Hasta allí se puede llegar en coche o, si se prefiere, en el autobús que parte de la capital. Este pueblecito, conocido por sus estrictas y ancestrales normas para ejercer el derecho a pesca, como la de haber nacido allí mismo, tiene un museo etnológico que recorre su historia, su geografía y sus costumbres, que se remontan a los tiempos de Jaime I el Conquistador, allá por el siglo XIII.
Peces saltarines
Desde el embarcadero de El Palmar, antiguos pescadores llevan a los visitantes en sus barcas por diversos canales hasta el centro mismo del lago, para observar los pequeños tesoros que esconden sus aguas. Una de las mayores atracciones del paseo es ver saltar a las llisas, unos peces muy juguetones que a veces se cuelan como polizones dentro de la embarcación. Si acudes al atardecer, disfrutarás, además, de una de las puestas de sol más bonitas que puedas imaginar.
Durante la travesía, también es posible ver los campos de arroz y las barracas, casas de madera, cañas y barro que durante siglos acogieron a las familias de pescadores y agricultores. Algunas pueden visitarse para descubrir cómo vivía la gente en épocas pasadas y los utensilios que utilizaban para pescar, sembrar y cocinar. De vuelta a El Palmar, nada mejor que sentarse a la mesa de alguno de sus restaurantes y probar la paella, el arroz caldoso, el arroz a banda o el típico ‘all i pebre’, cocinado con anguilas del propio lago.

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