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El crítico de cine y el director de Zinebi echan la vista atrás sobre la memorable sala bilbaína
08.10.08 -

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Anton Merikaetxebarria y Ernesto del Río rememoran viejas historias en el cine Gran Vía
Anton Merikaetxebarria / Crítico y director

«Era un cine lleno de magia»
«Allí mismo, en el Gran Vía, me dieron un premio por un documental que se llamaba ‘Arrantzale’. ¡Es el mejor recuerdo que tengo! Sería a finales de los 70... Para rodar ese corto, me tiré once días con un grupo pescadores de Elantxobe. Una maravilla. En ese proyecto colaboraron también Javier Rebollo y Juan Ortuoste. Es lo primero que me viene a la cabeza al recordar ese cine lleno de magia y tan distinto a los que tenemos ahora...
¿Qué película vi allí que me impactara especialmente? Hombre, eso es muy fácil de responder. Te pongo en antecedentes: dentro del Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino (antiguo nombre del festival Zinebi), había unas sesiones misteriosas y nocturnas en las que se proyectaban largometrajes que no habían pasado la censura... ¡Era increíble! Allí vi nada menos que ‘La Notte’ (1962), de Michelangelo Antonioni, con Monica Vitti, Jeanne Moureau y Marcello Mastroianni. Hablaba de la incomunicación y la soledad de la pareja, nada que ver con las películas que se proyectaban entonces oficialmente. Sobra decir que nos causó un impacto tremendo... Qué tiempos. Después de esas sesiones, ‘lo más’ era irse caminando hasta el restaurante Monterrey para cenar. Ese paseíto por la Gran Vía también lo tengo grabado en la memoria...».

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Ernesto del Río / Director de cine y de Zinebi
«Había hambre de novedades»

«Memorable de verdad fue el barullo que se armó en 1970... Se rompieron los cristales de las puertas del Gran Vía, vinieron los ‘grises’ y, al final, hubo que dar otra proyección a mediados de semana... ¡Apoteósico! Aquello pasó cuando se presentó en Bilbao ‘Woodstock’, la película sobre el festival de rock. ¡Hay que ver el hambre de cosas nuevas que tenían los jóvenes! Llegamos a pasar miedo porque, ya sabes, la Policía no se andaba entonces con miramientos...
En aquella época, el cine tenía mucha importancia como fenómeno cultural; y el experimental, sobre todo, molaba mucho a los chicos universitarios. Recuerdo que, en los años 70, el Gran Vía proyectaba muchas películas de gente como Ingmar Bergman y Carlos Saura. Esta preferencia por el cine de autor marcaba la diferencia frente a las demás salas de la ciudad, a excepción del Urrutia, donde se ofrecían filmes de arte y ensayo en versión original.
¿Que cómo era el público del Gran Vía? Pues muy entusiasta, todas las generaciones tienen su afán... ¡Los jóvenes de esa época también querían saber lo que pasaba en el resto del mundo! En esos tiempos es cuando empiezan los primeros escarceos del cine vasco, había un caldo de cultivo que luego ha dado muchos frutos. Hasta hoy».

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