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Catedral de Santa María (Vitoria). Los pilares de Santa María
El primer día que la visitó, deslumbrado, Ken Follett decidió que se inspiraría en la ‘Catedral Vieja’ para dar continuidad a ‘Los pilares de la Tierra’
16.11.07 -

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Catedral de Santa María (Vitoria). Los pilares de Santa María
Ken Follet se asoma por el deambulatorio. /Josu Onandia
En la capital vasca, en lo alto de la colina donde nació la ciudad en 1181, se alza majestuosa la catedral de Santa María. El templo, que comenzó a construirse en el siglo XIII sobre una muralla defensiva, ha sido testigo privilegiado de la historia de Vitoria. Hoy, la catedral se encuentra inmersa en un modélico proceso de restauración que ha recibido los elogios de los más prestigiosos arqueólogos e historiadores. Al desnudo, Santa María ofrece su mejor versión –una versión única e inédita de sus viejas entrañas– para exhibirse al mundo como lo que es: un referente cultural y un reclamo turístico de primerísimo orden.
Tanto es así que el ambicioso programa cultural desarrollado por la fundación gestora del proyecto de rehabilitación ha conseguido atraer hasta la nave central del templo a filósofos, arquitectos, músicos y, sobre todo, a muchos escritores. Paulo Coelho, el brasileño de aura espiritual que vende libros al por mayor, incluyó un pasaje de la catedral vitoriana en su última obra publicada, ‘El Zahir’. Cuenta cómo en ella tomó conciencia de la necesidad de narrar su enésimo viaje interior. La ‘Catedral Vieja’ también consiguió que Toti Martínez de Lezea se inspirara para dar forma ‘A la sombra del templo’, o que Julio Llamazares y Arturo Pérez Reverte hayan escrito artículos elogiosos en los que Vitoria sale muy bien parada. El Nobel José Saramago y escritores universalmente reconocidos como Bryce Echenique, Vargas Llosa, Dominique Lapierre, Antonio Gala, Zoé Valdés... también han desfilado por esta pasarela de la historia, la arqueología y la arquitectura. Y todos quedaron «impresionados».
Pero si alguien ha conseguido dar a Santa María un prestigio de rango internacional, ése es Ken Follett. El 10 de octubre de 2002, el escritor galés llegaba a Vitoria para inaugurar el ciclo ‘Encuentros con la catedral’. Lo que no podía imaginar el escritor de Cardiff es que su «apasionante» recorrido por un viejo templo debilitado por seculares problemas de sustentación y deformación iba a terminar inspirando la segunda parte de ‘Los pilares de la Tierra’, el libro más leído de la segunda mitad del siglo XX.
En su caso, la visita fructificó en un volumen de más de mil páginas, titulado ‘Mundo sin fin’. Pero el paseo que inspiró a Follett promete en todos los sentidos: 600.000 personas así lo atestiguan. Una plataforma metálica levantada a cuatro metros de altura a lo largo de la nave central aporta una visión única de las ‘tripas’ de la vieja catedral. Las excavaciones han dejado al descubierto un subsuelo plagado de decenas de enterramientos y de heridas supurantes que el paso del tiempo ha ido ocasionando en los muros y en los pilares del edificio. Basta sólo con bajar la vista para conmocionarse con la historia de la primitiva Vitoria.
La iglesia-fortaleza
El recorrido arranca en el centro de acogida, la antigua bolera de la Burullería, convertida hoy en un espacio de exposición que explica el proyecto restaurador de la catedral –lo que después se puede ver en vivo– mediante paneles, un vídeo y un paseo virtual. Después, cuando el visitante accede por fin al interior del templo a través de la calle Cuchillería y observa los restos de la muralla de la vieja Gasteiz, se deja llevar por las sensaciones y la curiosidad.
Una singular escalera le desciende al subsuelo del templo, a su girola, donde se contempla el carácter defensivo de la iglesia-fortaleza que no llegó a culminarse. Es un espacio insólito. Otra escalera, ésta de caracol, sube el paseante hasta el paso de ronda de la muralla. Llegado a este punto, se propone un paseo apacible a lo largo de una atalaya defensiva que muestra una visión panorámica fascinante del norte de Vitoria y de la Llanada alavesa.
Cubierto por completo hasta la capilla de San Prudencio, el visitante baja hasta la nave central para recorrer la pasarela metálica, observar el subsuelo de la catedral, las excavaciones y los trabajos de consolidación de un edificio enfermo antes de concluir la ruta en el pórtico, la entrada orginal, donde Follett acaba de presentar su ‘Mundo sin fin’.
La sorpresa

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